[Souvenirs littéraires]. Obra del escritor Máxime Du Camp (1822-1894), publicada en 1882-1883. El autor, casi al final de su vida, siente la añoranza de los amigos desaparecidos y de las batallas literarias: ahora que la república se ha establecido definitivamente después de la derrota militar de 1870-1871, advierte la falta de sus compañeros, entre ellos Flaubert.
Casi nadie sobrevive de los años de lucha y espera: Baudelaire, Nerval, Delacroix, Gautier y Bouilhet; tampoco está Louis de Cormenin, el más querido y fraternal de todos los compañeros. A quien aún vive le queda el deber de hacer el elogio fúnebre de los muertos; por ello Du Camp escribe sus memorias con el fin de resucitar los recuerdos y las huellas del pasado. Su infancia transcurrió entre años duros de tiranía política, hasta que la revolución de julio trajo la libertad. La juventud, con los años de colegio y la iniciación al mundo de Hugo, de Vigny y de Musset, ofreció motivos para una nueva batalla literaria. Un día de marzo de 1843, un amigo, Ernest Le Marié, le presentó a Gustave Flaubert, entonces de 21 años. Juntos recorrieron la Bretaña, luego realizaron un viaje a Oriente (1849-51). Fue el confidente de Flaubert durante los años en que escribió la primera Tentación de San Antonio (v.) y Madame Bovary (v.).
El golpe de estado de Luis Napoleón les obligó a esperar una época mejor: entretanto, los espíritus se preparaban para la lucha secreta y decisiva. Fundador de la «Revue de Paris», en esta publicación acogió Madame Bovary. Entre polémicas, suspensiones de periódicos, detenciones y amenazas, pasaron los años; pero Du Camp, en 1860, marchó con las legiones garibaldinas a Sicilia, sintió la importancia del movimiento italiano y admiró de todo corazón la grandeza política y moral de Cavour.
Nuevas amistades y encuentros literarios intervinieron en la vida del autor; la sociedad francesa trató de renovarse con un decenio laborioso, hasta que el desastre de Sedan y los años le hicieron lamentar la muerte de sus compañeros. La obra es rica en noticias anecdóticas sobre la literatura francesa del siglo y particularmente sobre la aventura veneciana de Mus- set y de George Sand. Más discursiva que crítica, merece verdaderamente el título de recuerdos por el modo familiar con que presenta figuras, movimientos y problemas literarios: entre sus páginas se dibuja también la figura de un literato, ciertamente perjudicado por el arribismo y que no carecía de cierta vanidad como consejero e incitador de sus grandes amigos, pero siempre abierto a la comprensión de sus obras.
C. Cordié

