Rapsodias Húngaras, Franz Liszt

[Rhapsodies hongroises]. Son conocidas con este título diecinueve famosas composiciones pianísti­cas de Franz Liszt (1811-1886), concebidas, según opinión bastante difundida, durante el período de sus clamorosos triunfos pia­nísticos en Hungría, esto es, en 1839-40.

Mas su composición quedó terminada entre 1840 y 1853 por lo que se refiere a las pri­meras quince (en «do sostenido menor», «fa sostenido», «si bemol», «mi bemol», «mi me­nor», «re bemol», «re menor», «fa sostenido menor», «mi bemol» — llamada también «Carnaval de Pesth» —, «mi mayor», «la menor», «fa menor», «la menor» — llamada también «Marcha de Rákóczi» —); y en 1880 a las otras cuatro (en «la mayor», «si be­mol», «fa sostenido», «re menor»). Com­pleta la colección una «Rapsodia española» [«Rhapsodie espagnole»], también compues­ta en 1880. Al regresar a su patria, Liszt había sido acogido y aclamado como un héroe nacional y sus conciertos adquirieron una importancia realmente insólita, sus­citando entusiasmos populares. Al mismo tiempo, el músico había vuelto a encontrar, con viva emoción, los aspectos musicales característicos de su país y se había inte­resado particularmente por la música de los zíngaros, que le inspiraron, además de las Rapsodias, el poema Hungaria.

No obs­tante, las Rapsodias húngaras, que por sus características instrumentales y sus aspec­tos unas veces fogosos y brillantes y otras lánguidos y sentimentales, han conquistado una popularidad inmensa, merecerían la misma suerte si no hubiesen sido superadas por otras páginas en las que Liszt reveló más audacia y genio. Como el propio Liszt declaró en su libro De los zíngaros y de su música en Hungría [Des Bohemiens et de leur musique en Hongrie], las Rapsodias se proponen ser una especie de epopeya na­cional de la música zíngara. El título de Rapsodias fue escogido por Liszt «para de­signar el elemento imaginativamente épi­co…, expresión de ciertos estados de áni­mo en que se resume el ideal de una nación».

En cuanto al término «húngaras», que contrasta con la evocación de la «na­ción» zíngara, Liszt también explica: «He llamado a estas rapsodias con el término de húngaras, porque no hubiera sido justo se­parar en el porvenir lo que no lo estuvo en el pasado. Los magiares han adoptado a los zíngaros como a sus músicos naciona­les… Su arte está vinculado con los más gloriosos e íntimos recuerdos de todo hún­garo». Explicaciones que ciertamente no han contentado a todos los húngaros, de los cua­les alguno reprochó después a Liszt esta «confusión» entre magiares y zíngaros. Pero para Liszt, músico romántico, esto no tenía gran importancia; había quedado prendado de los aspectos melódicos singularmente ricos, debidos al uso de las escalas altera­das, de la variedad rítmica de las músicas zíngaras, de su libertad de forma y de la fantasía de sus improvisaciones. Por esto las Rapsodias, que al principio pudieron ser concebidas por Liszt como transcripciones, se concretaron, en cambio, en forma de composiciones originales, en que la fanta­sía del músico crea en torno a los elemen­tos temáticos zíngaros una exuberante va­riedad de ornamentación sonora.

L. Córtese

Las rapsodias pueden ser consideradas co­mo las ilustraciones del libro tan curioso escrito por Liszt sobre la música de los bohemios… El autor no ha reparado en di­ficultades, que no existían para él, sino en el efecto pintoresco y en la fantasiosa re­producción de la singular orquesta de los zíngaros. (Saint-Saéns)

A pesar de su caballerosa generosidad, su admirable franqueza de espíritu, su poder de seducción y sus destellos de genio, este compositor siempre nos produce una im­presión incompleta y equívoca, al igual que el pseudoabate que, estrechando en su co­razón a una princesa, decía serenamente: creo en Dios porque os amo. (Combarieu)