Poesías, Ludwig Heinrich Christoph Hölty

[Gedichte]. Ludwig Heinrich Christoph Hölty (1748-1776) mu­rió demasiado pronto para poder alcanzar la madurez poética a la que parecía desti­nado; pero mientras vivió, fue considerado, tal vez erróneamente, por sus contempo­ráneos, como uno de los mayores poetas de su tiempo.

Fue uno de los fundadores del llamado «Göttinger Hain», una liga de poetas de la que formaban parte algunos de los jóvenes universitarios mejor dotados de Gottinga; esta liga duró muchos años, y entre otros fueron miembros de ella los hermanos Stolberg, Miller, el autor de Siegwart (v.), y el futuro traductor de Ho­mero, Voss. Los jóvenes estaban de acuer­do en una admiración fanática por Klopstock, en el que veían a su jefe espiritual y cuyas obras patrióticas leían y comenta­ban en cada sesión. Habían adoptado pseu­dónimos germánicos, derivados de los per­sonajes de Klopstock en sus poesías bárdicas. Una de las tendencias principales del «Hain», era idílica, arcádica, y auspi­ciaba entre sus miembros la vuelta a la sana vida campestre.

El tono de todas las obras creadas según este espíritu era natu­ralmente pastoril, según la moda de toda Europa. El órgano del «Hain» fue el céle­bre «Göttinger Musenalmanach», en el que más tarde colaboraron también Goethe y Schiller. Las poesías de Hölty no se distin­guen de las de sus compañeros, excepto por una mayor sensibilidad y por una ma­yor maestría métrica. También están em­papadas de un tierno sentimentalismo, tan leve como los arabescos y los grabados que ornan las estampas del siglo XVIII. En ellas encontramos todo el repertorio de la lírica «gefühlvoll» de su tiempo: la muchacha que llora sobre la tumba de su amiga («Ode an ein Landmädchen»), el segador que ale­gremente canta su canción, el propio poeta que pide que sobre su tumba se coloque una lira.

La más célebre de las poesías de este tipo arcádico de Hölty es sin duda «Ub im­mer Treu und Redlichkeit», que se hizo canto popular y que fue tan del agrado de la reina Luisa de Prusia, que lo impuso como texto en sustitución del demasiado profano de la cancioncilla de Papageno en La flauta mágica (v.), cuya melodía toca el carillón de la Garnison-Kirche de Potsdam. A veces, sin embargo, también el joven poeta se sintió inducido por la moda del tiempo a escribir poesías de tono or­giástico, pero tuvo en ellas poca fortuna. Era una persona demasiado afable y refi­nada, para poder cantar con verdadero abandono la embriaguez, como intentó en vano en el «Trinklied beim Rheinwein», el cual, con toda su violencia báquica, no pue­de disimular que fue compuesto en el deli­cado siglo XVIII, con sus bocamangas de blonda y sus trajes cuidadosamente puli­dos.

A su muerte, el poeta J. H. Voss hizo una edición de sus poesías, pero es una edición incorrectísima, porque Voss se arro­gó el derecho de corregir y completar las obras inconclusas, empeorando y a veces falsificando la intención del poeta. Hasta el año 1857 no publicó Karl Halm una edi­ción crítica.

C. Gundolf