Poesías, José Iglesias de la Casa

Firma­das con el nombre literario de «Arcadio», aparecieron en Salamanca, su ciudad na­tal, las Poesías póstumas de José Iglesias de la Casa (1748-1791), que con Jovellanos, Meléndez Valdés y otros formó la llamada escuela salmantina. Poeta inquieto y apa­sionado, no siempre cuida de reprimir sus pasiones, y éstas afloran en sus poesías con extraordinario vigor en los raros instantes en que el autor logra extraer de sus me­diocres versos una verdadera fuerza ex­presiva: «la inquietud que en mi interior yo siento…».

Por el tono, sus poesías pue­den incluirse entre aquellas que quisieron representar la desilusión y el pesimismo característico de la época romántica; pero con todo siempre nos parece este sentimien­to un tanto superficial, y nunca se llega a descubrir en ellas la desgarrada emoción que acompaña a la verdadera tristeza; pue­de decirse en verdad que «su desilusión es francamente individualista»: «mi dolor callado…». La finura y elegancia, muy si­glo XVIII, que preside su poesía alcanza sus mejores éxitos en las cuidadas letrillas y anacreónticas, siendo notables sus «idi­lios», sus «odas» y sus «églogas», las cuales dan pruebas, en algún instante, de su pre­ocupación por alcanzar un tono colorista y expresivo que pueda trazar la contenida emoción que la contemplación de la naturaleza despierta en él: «acá hiedra, allá espinas, allá fuentes,/riscos, peñascos, ríos, flores, rosas».

Sorprende su curiosa afición por el desorden natural y caótico, que con­trasta extrañamente con la ordenada mesura del que fue su maestro ideal, Fray Luis de León, cuya filiación literaria revela, entre otras muchas, la parodia «El borra­cho», que lo es de «La profecía del Tajo».

A. Pacheco