Poesías, Heinrich Leuthold

[Gedichte]. Las poesías de Heinrich Leuthold (1827-1879), poeta suizo que enloqueció en 1877 y mu­rió dos años más tarde en el manicomio de Burgholzli, cerca de Zurich, después de una vida inquieta, disipada y desgraciada, fueron en su mayoría publicadas póstumas, el mismo año de su muerte, por Báchtold y tuvieron numerosas reediciones, entre ellas las basadas en sus manuscritos, a cargo de A. Schurig (1910) y G. Bohmenblust (1914).

Toda su ansiedad de vivir, de conocer, de gozar y al mismo tiempo un sentido de desilusión, algo enfático, de su propia existencia, están expresados en sus poesías, donde alguna vez Leuthold se com­place también en ingeniosidades a la ma­nera de Heine. Asistimos a las peregrina­ciones del poeta a través de Italia, la Riviera ligur, Sicilia; y a la alegría de su vuelta a la patria. Los momentos poética­mente mejores se encuentran en algunos sonetos sobre la Riviera. Pero en general las imágenes están demasiado cargadas, coloreadas y recuerdan los cuadros exube­rantes de ciertos pintores — no precisamen­te de los mejores, pero bastante popula­res — de su época, con efectos que no siem­pre evitan lo convencional («Ligurisches Volkslied», «Südlicher überfluss», etc.).

También son numerosas las llamadas poe­sías «de taberna» que celebran el vino y la «hija de la patrona»; otras contienen sáti­ras violentas sobre la miseria de los poe­tas. Pocas son las poesías de amor verda­deramente hermosas; parece que el poeta, pese a la abnegación devota y fiel de Caro­lina Trafford, en su inquietud no encontrase nunca una mujer que le inspirase un canto tranquilo y feliz. Es graciosa la poe­sía «A la única» [«An die Eine»]. Leuthold prueba toda clase de ritmos, escribe «gazelas» (forma de poesía que los románticos tomaron de los persas), sonetos, composi­ciones en metro antiguo, y para cada clase de poesía busca un metro adecuado. Su vo­lumen de poesías es un espejo fiel de la agitación interior en que transcurrió su vida; sin embargo, entre mil imágenes indi­ferentes, hay algunas que nos subyugan por su brillo y esplendor (por ejemplo, «Meerfahrt»). Leuthold hizo también traducciones del inglés, de Byron, Scott y otros.

C. Gundolf