Poesías de los Masdovelles

Tres son los poetas de la familia Masdovelles, y la colección más completa de sus obras la del ms. 11 de la Biblioteca de Cataluña, cono­cido por Cancionero de los Masdovelles, publicado íntegramente por Ramón Aramon i Serra (Cangoner deis Masdovelles, Barce­lona, 1938).

Al parecer, es autógrafo de Joan Berenguer, y sólo de éste contiene más de 150 poesías; de su hermano Pere Joan contiene una sola, y de su tío Guillem, el poeta más viejo de la familia, once, más cuatro tensones en que éste tomó parte. De los dos primeros hay obras en otros cancioneros. Guillem de Masdovelles escribió en los reinados que van de Juan I a Alfonso el Magnánimo, y su producción abarca un período de cerca de medio siglo. La fecha más antigua que puede asignarse a una de sus poesías es de fines de 1389.

A pesar del corto número de sus obras, ninguna de las cuales es de mérito rele­vante, no pueden negársele algunas con­diciones de escritor, que pone de manifiesto en sus punzantes «maldits» y en los «sir- ventés», poesía de inspiración patriótica. En las amorosas se somete con más ser­vilismo a los convencionalismos de la poe­sía cortés, de los que a veces sabe sacar alguna nota delicada. Su lenguaje es fuer­temente aprovenzalado. Joan Berenguer de Masdovelles es, con Ausiás March, el poeta catalán medieval de quien se conocen mayor número de obras. Su valor, sin embargo, es muy relativo, por ser uno de los poetas más vulgares de la antigua literatura cata­lana.

Escribió obras sobre tema religioso, moral, político y amoroso, y los «maldits» de carácter satírico. Las más numerosas son las amorosas, sobre los acostumbrados temas y sin originalidad. Las de inspira­ción política fueron motivadas por las guerras civiles de Cataluña en tiempo de Juan II y por la prisión del Príncipe de Viana. En estas obras, Joan Berenguer, que fue fiel partidario del rey, muestra más elevación de miras que estro poético. Las explicaciones bastante largas que pre­ceden a algunas de estas poesías no suelen atraer con sus anécdotas el interés de que están faltas como obras literarias. La mé­trica es poco variada. Joan Berenguer se ha complacido, de vez en cuando, en im­poner a sus versos torturas pueriles: rimas difíciles siguiendo el orden de las cinco vocales (núms. 37, 40, 124, etc.), coplas que leídas del derecho o del revés dan sentido contrario (n.° 140), etc.

La pieza 173 consta exclusivamente de palabras de dos sílabas. La lengua de Joan Berenguer es mucho más catalana que la de Guillem, especial­mente en las obras más modernas y en las que no son de tema amoroso. No cabe duda que aquél se daba cuenta de la diversidad del provenzal y del catalán. El haber tra­ducido al catalán una poesía de su tío, en «llimoví», es clara prueba de ello.

P. Bohigas