La edición más importante de las obras líricas del escritor español Nicasio Álvarez de Cienfuegos (1764-1809) es del año 1816. Cienfuegos pertenece a la generación literaria que, educada según las rígidas reglas del clasicismo, siente no obstante la fuerza de los nuevos tiempos que desembocan en el Romanticismo.
De esta manera, sin descuidar los modelos más característicos de su tiempo, imprime a su expresión una fuerza patética y sentimental que en vano se buscaría en sus predecesores. No faltan, desde luego, entre sus poesías las composiciones anacreónticas, ligeras y delicadas, que se encuadran en un paisaje idílico; es evidente también la influencia en ellas de Horacio, del cual tradujo las odas «Cáelo tonantem credidimus lovem». Con todo, el lector menos atento percibe fácilmente síntomas de prerromanticismo.
En primer lugar, éste se nos muestra en la temática naturalista por los tonos melancólicos y sentimentales que se imprimen en la descripción del paso del otoño. Inmediatamente después se revela un tema a lo Rousseau, como en la poesía titulada «Mi paseo solitario de primavera», en la que lanza anatemas contra las luchas originadas por la vanidad social, la ambición y el «mortífero honor», y en que asoma el sueño de una sociedad donde reinen «la alma inocencia,/la activa compasión, la deliciosa/beneficencia y el deseo noble/de ser feliz en la ventura ajena…». Esta exaltación sociológica, tan característica del gusto filantrópico de la época, halla su natural complemento en la temática prerromántica de tipo sepulcral que, como es sabido, van difundiendo por toda Europa las traducciones que el P. Le Tourneur hizo de las Noches (v.) de Young.
Así en el poema «La escuela del sepulcro», dedicado a la Marquesa de Fuertehíjar con ocasión de la muerte de su hija Mercedes. Toda esta temática se enlaza en la producción poética de Cienfuegos, con la tradición del tema del «ubi sunt?» tan característico de todos los momentos elegiacos de la poesía universal. Además de estas composiciones, son curiosas las que se refieren a circunstancias históricas de la época; sorprende dolorosamente descubrir en el poeta destinado a morir prisionero de los franceses una magnilocuente oda «En elogio del General Bonaparte con motivo de haber respetado la patria de Virgilio». Otras composiciones que se refieren a acontecimientos más fútiles tienen importancia secundaria.
G. Díaz-Plaja

