Carolina Coronado (1823-1911), cuyas poesías fueron publicadas en 1843 con prefacio de Hartzenbusch, fue la auténtica musa del romanticismo español.
Sentimental y apasionada, cantó la naturaleza especialmente en las composiciones «La palma», que fue alabada por Espronceda, y «La rosa blanca», de la primera época transcurrida en un retiro campestre; pero cantó sobre todo el amor en sus aspectos terrenos y místicos, aunque no siempre según cánones estilísticamente perfectos. Es notable el grupo de poesías intituladas «A Alberto», que constituyen un documento de sensibilidad amorosa femenina, y «A un poeta del porvenir», en que lamenta la muerte de la musa sofocada por la civilización mecánica. Su composición mejor es «El amor de los amores», que recuerda de lejos el Cantar de los cantares (v.) y en que el amor humano, en sus más nobles aspiraciones a la belleza, al bien y a la verdad, sigue las huellas de los grandes místicos españoles hacia el amor divino.
A. R. Ferrarin

