Poesías Campestres, Ippolito Pindemonte

[Poesie campestri]. Poesías de Ippolito Pindemonte (1753- 1828), compuestas en 1785 y publicadas en 1788. En su multivaria obra de literato y traductor representa un momento feliz, por­que acierta a ofrecer aquel sentido de melancolía y gentileza que es peculiar del autor.

La más famosa de estas poesías es, precisamente, la dedicada a la «Melancolía» [«Melanconia»]: una anacreóntica en la que el soplo inspirador de la Arcadia ha sido penetrado de tristeza y de una delicada comprensión de la vida. ¿De qué sirve la riqueza? ¿Qué importan los honores a quien sigue rectamente el camino de la virtud?, se pregunta Pindemonte. El poeta confía su vida a la melancolía, «ninfa gentil»; los que verdaderamente la aman no pueden ser viles, porque practican placeres sutiles e imperecederos, como el gozar la naturaleza, entre un haya umbrosa y un arroyo rumo­roso, o contemplar la delicadeza de un rayo de luna.

Simbólica es «La juventud» [«La Giovinezza» ], representada por una bellísi­ma mujer llena de vida y de alegría, que en vano se deja perseguir por montes y llanuras; cuando ella no existe y a la vez desaparecen las compañeras desleales, como la inconstancia y la imprudencia, queda siempre la prudencia, que sonríe benévola y no engaña nunca. Son notables asimismo «La soledad» [«La solitudine»] y «A la luna» [«Alia luna»]; en la primera, se canta un paisaje solitario, que si no es tétrico, se halla inspirado ciertamente por la tristeza y por una delicada fantasía prerromántica; en la segunda, el astro de plata es cantado con una sensibilidad elegantemente senti­mental que se adelanta a anunciar una nueva posición en la literatura.

Un políptico concebido con suma maestría es el de «Las cuatro partes del día» [«Le quattro palli del giorno»], en octavas, que puede hacer pensar en la famosa obra de Parini (v. El día); en él, se describen con vivos detalles la mañana, el mediodía, la tarde y la noche, a la vez que la belleza de la luz, la animación de la naturaleza y el industrioso trabajo de los hombres, todo ello expresado en un tono que no es exclu­sivamente arcádico o impresionista, sino que atiende a la construcción orgánica de un pequeño poema; no obstante, como le ocurre con frecuencia a Pindemonte, poeta sensitivo y mórbidamente sensual, la poe­sía aflora en las partes en que puede aban­donarse mejor a su naturaleza.

Destacan algunos versos de la «Tarde» [«Sera»] en los que el sentimiento de la muerte se envuel­ve en imágenes petrarquescas y que adqui­rirán un significado nuevo e intenso en los Se-pulcros (v.) de Foscolo. En «Noche» [«Notte»] se detiene con excesiva insistencia en las imágenes del silencio y el misterio, si bien ofrece una delicada descripción del canto del ruiseñor. Si estas Poesías campestres se aproximan a una experien­cia prerromántica, a causa de la languidez del sentimiento y el amor a la soledad (v. los Idilios de Gessner y la Elegía es­crita en un cementerio rural de Gray), es justo apreciar en Pindemonte al poeta que mejor deja sentir la transición de la Arcadia al neoclasicismo, con una com­prensión de la belleza que serán caracte­rísticas de Monti y Canova, y, por ciertas posiciones clasicizantes, del propio Foscolo.

C. Cordié

…con aquella delicadeza peculiar suya, ambarina, delicada y, a veces, discursiva, Pindemonte se erigió en un poeta humano y soñador. (F. Flora)