Poesías, Andrés Bello

En tres géneros puede dividirse la obra poética del escritor vene­zolano Andrés Bello (1781-1865). En prin­cipio, poemas de imitación o traducidos, como Los Djinns, La tristeza de Olimpio, Plegaria para todos, Moisés salvado de las aguas y Fantasmas, bajo la influencia de Víctor Hugo.

Se le debe asimismo una tra­ducción en verso del Orlando enamorado (v.). Como filólogo, Andrés Bello se aplicó al remozamiento del Poema del Cid (v. Cid), trabajo que dejó inconcluso. Este Poema del Cid o Gesta de mío Cid, comenzado en 1823, constituye una obra maestra de eru­dición y buen gusto, siendo quizás la que más ha contribuido a difundir su nombre. La parte original de su producción la cons­tituyen Al campo, El proscrito y Alocución a la Poesía. Al campo es una especie de égloga. En El proscrito, Bello mezcla el hu­mor con la poesía: el caballero Azagra, descendiente de guerreros, anda aquí en gresca, como un nuevo Sócrates, con una moderna Xantipa.

Alocución a la Poesía (1823) viene a ser, con sus dos silvas, la obra más sobresaliente de Andrés Bello. En la primera silva, el autor invita a la Poe­sía a abandonar Europa por el prodigioso mundo descubierto por Colón, y el poeta alaba las grandiosas bellezas de la natura­leza americana. Después, Bello celebra las hazañas bélicas de la guerra de la Inde­pendencia. En la Silva a la agricultura en la zona tórrida exhorta a los americanos a la paz, aconsejándoles trocar las armas por los útiles del labrador. Un estilo rico, de gran colorido, caracteriza su producción.