Poema del Cante Jondo, Federico García Lorca

Obra del poeta y dramaturgo español Federico García Lorca (1898-1936), escrita en 1921 y publicada en 1931. Está compuesta por bre­ves ciclos con unidad superior de poema («Baladilla de los tres ríos», «Poema de la seguiriya gitana», «Poema de la soleá», «Poema de la saeta», «Gráfico de la pete­nera», «Dos muchachas», «Viñetas flamencas», «Tres ciudades» y «Seis caprichos») y dos diálogos en prosa de una extraordinaria calidad lírica («Escena del teniente coronel de la Guardia Civil» y «Diálogo del Amargo»).

El tema central de este libro es la Andalucía doliente propia del cante jondo. Como aquellos «arqueros oscuros» que se aproximan a Sevilla en el «Poema de la saeta», estos poemas — gracia alada de la estilización, fina interpretación intelectual del folklore — «vienen de los remotos/paí­ses de la pena». Toda una escenografía de muerte se dibuja sobre una mitología de gitanos, guitarras, ciudades y ríos. Sí, la presencia de la muerte es la dimensión lírica más fecunda del libro: «La muerte/ entra y sale/de la taberna»; «cien jinetes enlutados,/¿dónde irán,/por el cielo yacente/ del naranjal?». O, por lo menos, tan fecun­da como la presencia de una geografía ele­vada a categoría de mito: «Para los barcos de vela/Sevilla tiene un camino;/por el agua de Granada/sólo reman los suspiros»; «Luna, luna, luna, luna/del tiempo de la aceituna. /Cazorla enseña su torre/y Benamejí la oculta».

Lo narrativo, reducido a su esque­ma esencial, se ha convertido en lirismo puro, después de haber sido eliminado todo elemento extraño y accesorio. De ahí que el poema quede reducido a una sola dimen­sión, a veces muy próxima a la gracia esti­lizada de un hai-kai oriental («Cruz»). La imagen y la metáfora saltan, audaces, en cada una de las cuatro esquinas de este mundo sombrío — «La quilla de la lima/ rompe nubes moradas/y las aljabas/se llenan de rocío» — y nos sorprenden por la blan­cura virginal de los elementos que las for­man : «La calle/tiene un temblor/de cuer­da/en tensión». A veces el poeta se sirve de las baudelerianas «correspondances» de sensaciones: «sobre el viento/amarillo,/se abren las campanadas»; en otros casos, no se trata, como observa certeramente Guillermo Díaz-Plaja, de un simple cruce de sensaciones, sino de muestras de creacio­nismo lírico: «Bajo el naranjo lava/paña­les de algodón,/tiene verdes los ojos/y vio­leta la voz».

El mundo que da sentido y forma a los diálogos, o situaciones dramáti­cas, es de una extrema sencillez: muerte instantánea de un teniente coronel de la Guardia Civil al entrar en contacto con el mundo imaginativo — de lógica exclusiva­mente poética — de un gitanillo de «mirada de mulo joven» y muerte del Amargo, per­sonaje sólo insinuado en su dolor instin­tivo y cósmico. Dos extraordinarios poemas cierran cada uno de estos diálogos dramáticos. La arquitectura teatral, apoyada en acotaciones de un profundo sentido lírico, y el diálogo – no son más que la solución en prosa de los motivos esenciales que han dado materia al resto del libro.

J. Molas

Lo más característico del Poema del cante jondo no es su modo representativo o poé­tico, sino su puro carácter musical. Rara vez poesía y música han llegado a una fu­sión tan plena. (A. del Río)

Poema del cante jondo marca el extremo límite en la elaboración lorquiana frente a la temática popular de Andalucía. (G. Díaz-Plaja)