Po Shih Tao Jên Ko Ch’ü, Po Shih Tao Jên

[Sonetos de Po Shih Tao Jên]. Se indican bajo este título diversas colecciones de sonetos del poeta chino Chiang K’uei, conocido con el nombre de Po Shih Tao Jên (1155-hacia 1235). Los sonetos dieron una nueva direc­ción a la poesía china poniendo las bases de una escuela que parece haber tenido muchos siglos de vida.

Chiang K’uei, que vivió po­bremente sin haber tenido nunca ningún cargo en el gobierno, fue un especialista de la música antigua china, de la cual sacó nuevas formas para el soneto. Ya con Su Shih (1036-1101) y especialmente con Hsin Ch’i-chi (1140-1207) el soneto chino («tz’u») se había desprendido de su propio esquema originario, en el cual era cantado por las cantantes y bailarinas, con tema amoroso y con rígido ritmo. Con Chiang- K’uei el soneto adquiere una riqueza rít­mica todavía mayor y en él predomina cada vez más el elemento musical. De aquí cier­ta exterioridad y, a veces, una sobreabun­dancia de motivos ornamentales, pero re­unidos con elegancia siempre atenta.

La poe­sía de Po ‘nace de continuas concordancias de temas, ora alegres, ora melancólicos, que fluyen unos tras otros en un clima de ligera tristeza. Así, en un grupo de cuatro sone­tos, a la descripción de las amorosas desgracias del poeta se acompaña la melan­colía de la separación: «Las flores llenan las calles de la ciudad, los blancos rayos de la luna penetran en las vestiduras; los amores de la juventud son los dolores de la vejez…». En otro soneto el poeta des­cribe el majestuoso espectáculo de las lar­gas hileras de sauces en las calles solita­rias: «El son de la trompeta de la guardia de la desolada ciudad llega y penetra en las hileras de los sauces; cabalgando siento el frío pincharme bajo el ligero vestido y ante este panorama de amarillos claros y verdes delicados reconozco que los sauces son mis viejos amigos del Sur del río Azul…».

En un tercer soneto, finalmente, que ha llegado. a ser famoso, compuesto cuando el poeta con sus amigos hacía una excursión por el río Shan, su sentimiento aparece mezclado de alegría y de tristeza, ante el espectáculo del paisaje envuelto en la luz lunar mientras sobrevienen los re­cuerdos de las lejanas aldeas nativas.

S. Lokawang