Piezas Pintorescas, Emmanuel Chabrier

[Pièces pittores­ques]. Composiciones para piano de Emmanuel Chabrier (1841-1894), sin duda el mú­sico más fiel al espíritu francés encamado por Rabelais, en donde se mezcla el lirismo con la franca alegría.

Chabrier alimentaba idéntico amor por Offenbach que por Wagner y, aunque se inclinaba por los pin­tores y poetas impresionistas, no por ello despreciaba las austeras disciplinas de Vin­cent d’Indj, que afectuosamente le llama­ba el «ángel de la chirigota». Las diez Piezas pintorescas para piano nos muestran por cierto a un Chabrier chusco y retozón, pero también a un Chabrier poeta, soñador e impulsivo. «Paisaje», compuesto sobre dos temas suavemente ritmados, finaliza en una sucesión de rasgos, cuya elegancia caracte­riza el estilo pianístico de Chabrier. «Me­lancolía» hace alternar los ritmos de 9/8 y 6/8 y el tema surge en la mano derecha, respondiendo, en eco, la mano izquierda. «Torbellino» aparece destinado especial­mente a hacer brillar el virtuosismo del ejecutante. «Bajo el bosque» destaca por la fluidez de sus armonías, que preparan la entrada del tembloroso canto de las hojas agitadas por el aire, bajo la cálida luz. «Morisca» se revela más interesante por su fórmula rítmica que por su escaso valor melódico. «Idilio» se inicia con un canto tierno e ingenuo, sostenido por un acompa­ñamiento en «staccato»; en la segunda par­te, este acompañamiento usa una fórmula cromática que da lugar a sutiles armonías y nos introduce en un ambiente de intensa ternura.

Pero la ironía irrumpe súbita­mente en plena emoción: no hace falta tomar muy en serio — nos dice Chabrier — lo que sólo era un idilio. La «Danza al­deana» recuerda el origen auvernés de Chabrier; aquí la melodía corre a cargo de los bajos, que dejan oír el repiqueteo de los zuecos. «Improvisación», trozo musical ca­prichoso y apasionado, constituye una obra maestra de construcción armónica. «Minué aparatoso» viene a ser una graciosa paro­dia de la clásica danza. El «Scherzo vals» pone remate a esta colección de piezas con una especie de fuegos artificiales. Se inicia en un movimiento muy rítmico en el que se inserta una frase flexible, lánguida y tierna, ahuyentada más tarde por el bri­llante retomo del «Scherzo» inicial.