PEDRO PÁRAMO (Juan Rulfo)

Juan Preciado promete a su madre en el lecho de muerte ir a Comala a reclamar a su padre, Pedro Páramo, "lo que es suyo". Dolores Preciado, su madre, le da una visión idílica del pueblo mexicano que lo ilusiona. Camino a Comala se encuentra con Abundio, un personaje que resulta ser crucial para la obra, aunque al lector no le parezca así. Éste le dice que también es hijo de Pedro Páramo, pero que el cacique ya ha muerto, lo cual desconcierta al protagonista. Así pues, al llegar a Comala se encuentra con un pueblo desolado, abandonado, semejante a un infierno y cuya atmósfera está llena de muerte. Es preciso para ello saber que la novela pertenece al realismo mágico, tendencia literaria latinoamericana que presenta lo paranormal (como en este caso las apariciones de almas en pena) como algo cotidiano y la cual tiende a abandonar por lo tanto los criterios racionales. Así por ejemplo, Juan Preciado se va encontrando con diversos personajes que en realidad son almas en pena, como lentamente comprenderá. Pero hay muchos más elementos que cargan de "muerte" el ambiente. Así pues, se oyen los murmullos de los muertos, hay muchos escenarios en penumbra o aparecen símbolos como los de un caballo despavorido.

Finalmente, cuando Juan Preciado se percata de lo que está ocurriendo se muere desesperado. Es entonces cuando el lector se percata de que todo lo narrado hasta el momento formaba parte de una conversación desde la tumba con otra alma en pena, Dorotea, que se encargaba de llevar mujeres a Miguel Páramo (hijo de Pedro Páramo).

Pero lo peculiar de esta historia es la mezcla de historias, pues paralelamente a esto nos es narrada la historia de Pedro Páramo en lo que se llama Plano B (siendo Plano A la historia de su hijo). Reside en ello la mayor dificultad de la novela, pues los fragmentos del segundo plano están en un completo desorden cronológico (por ello Juan Rulfo dijo que el lector era coautor de la obra, al deber reconstruir la historia).

Es ahí donde conocemos lo ocurrido durante toda su vida y las consecuencia que tuvo para Comala. Toda su vida fue Pedro Páramo un cacique rodeado de muerte. Por ejemplo nos es descrito el episodio del asesinato de su padre cuando estaba en una boda. Ante la imposibilidad de saber quién fue el asesino, Pedro Páramo (nótese la simbología del nombre: Pedro=petrus=piedra, connota dureza y brutalidad; Páramo=páramo=tierra infertil, connota su carácter ágrio), decide ir matando a todos los asistentes para asegurarse de que el asesino pague. Lo mismo hace para expandir su poder y dominar íntegramente el pueblo, causando no pocas muertes y sufrimiento que llevan al deterioro del mismo (así pues, el trabajo de Pedro Páramo es el que ha provocado la degradación material del pueblo y que supone el paso intermedio entre la Comala idílica de Dolores Preciado y la que se encuentra su hijo).

Sin embargo y a pesar de todo su poder, siempre se le ha escapado el amor de Susana San Juan, que de hecho acaba enloqueciendo y huyendo con su padre ante el acoso del cacique. Éste manda buscarla por toda la zona y es encontrada tras treinta años. Su brutalidad le lleva a ordenar el asesinato del padre para que ella dependa definitivamente de él. Pero poco después ella muere y con ella todas las ilusiones de él, que acaba deprimido el resto de sus días.

La conducta brutal ha sembrado el odio entre los habitantes de Comala, y Abundio, uno de los muchos hijos rechazados y no reconocidos por él, acaba matándole. Es él quien aparece al principio y al final de la novela, motivo por el cual esta tiene estructura circular (característica del realismo mágico).

En la obra hay otros personajes que la complementan. Cabe destacar en este sentido al Padre Rentería (Connotación: Rentería: Renta:Dinero que se paga). A pesar de sus remordimientos, se vende al poder fallando en su labor social. Mientras que no absuelve a las almas de los pobres (motivo por el cual y según la creencia azteca mezclada con la cristiana) estas permanecen en la tierra sin encontrar la paz, permite todo tipo de actos a Pedro Páramo y su hijo Miguel, (que también muere, y al que concede perdón a pesar de saber que violaba a jóvenes del pueblo, sin importarle su corta edad), como asesinatos, violaciones o extorsiones. Críticos señalan que contribuyó a la degradación moral del pueblo al fracasar a la hora de dar ánimos y ganas de seguir adelante a sus habitantes.

 Importancia Literaria y Cultural

"Pedro Páramo" es considerada una obra sumamente importante dentro de la literatura mexicana puesto que maneja un lenguaje en realidad abstracto y coloquial, pero el mensaje que nos transmite es sumamente profundo; si una persona con pocos conocimientos en literatura comienza a leer el libro, lo desechará porque le parecerá un texto áspero, brusco y prácticamente sin sentido, hay que estar muy conscientes de que la obra en sí es un retrato de la sociedad mexicana, a pesar de que contenga hechos que no son posibles en nuestra realidad, y esa es la principal característica del realismo mágico: a pesar de presentar hechos fantásticos logra darnos un retrato bastante fiel de su mensaje, es decir, que a pesar de que en esta novela Rulfo se vale de voces de muertos, o de espíritus en lugar de personajes vivos, el retrato que nos hace de la sociedad mexicana es bastante más exacto que el que nos muestran obras más "razonables", como puede serlo "El Zarco" de Ignacio Manuel Altamirano. La sociedad de Rulfo es una sociedad muerta, una sociedad que no puede vivir con sus muertos, que vive cobijada por una religión corrupta que no busca más que sacar provecho de cualquiera que se le atraviese, una sociedad solitaria y decadente. "Pedro Páramo" es considerado por muchos, el retrato más exacto del pueblo mexicano. AL final se trata de una cuidad de muertos que buscan el descanso eterno

 Críticas

Aunque se ha repetido incansablemente que la novela de Rulfo sufrió la incomprensión de los críticos, pocas semanas después de su publicación tuvo una reseña anónima muy favorable en el diario El Universal (17 de abril de 1955), de la ciudad de México, en la que se afirmaba que la novela era en realidad un relato. Otro de los rumores usuales es el que afirma que no fue sino hasta 1958, a partir de la traducción al alemán (de Mariana Frenk-Westheim), y tras la buena acogida en ese país cuando en México empezaron a interesarse por la novela. Pero, en realidad, Pedro Páramo obtuvo una respuesta crítica muy amplia y diversa durante todo 1955, incluida una reseña de Carlos Fuentes que apareció en la revista L\’Esprit des Lettres, de Rhone, Francia (noviembre-diciembre de 1955).

El siguiente es un fragmento de la reseña anónima de El Universal.

Pedro Páramo es la primera novela de Juan Rulfo. Como novela, al menos, ha sido clasificado, aunque en realidad es un largo relato, un largo y armonioso relato. Rulfo, sin dejar de ser el mismo de los cuentos, de los relatos breves de El Llano en llamas, es ahora otro en Pedro Páramo. El asunto de la obra, mexicano desde muy adentro, desde lo más profundo del ser se acendra en el dominio del idioma. Esto caracterizó desde un principio a Juan Rulfo. Sabe dar el acento de mexicanidad sin acudir al corriente recurso de las deformaciones fonéticas y ortográficas que la gente humilde de México emplea. No es tampoco una sintaxis especial, no es nada que tenga que ver con la gramática. Lo que hay en Rulfo es un poderoso aliento poético: sabe arrancar a sus personajes, siempre muy mexicanos, escondidos matices y escondidos acentos. Los ve desde muy adentro y, por verlos así, encuentra en ellos notas de emoción y belleza. En Rulfo lo de menos es el asunto, lo importante es cómo se trata ese asunto, cómo se va hundiendo en él lentamente, cómo va asiendo los elementos de que se sirve y exponiéndolos de dentro afuera, rodeándolos a menudo de un vaho de misterio y magia. Ahí la emoción se acendra por la virtud del procedimiento y ya la urdimbre, la trama, pasa a segundo término. En Pedro Páramo nunca deja de estar presente el drama; pero el drama no es presentado escueta, simplemente, sino exaltado, trasladado a una dimensión de belleza y de fuerza que hiere o acaricia incesantemente a la sensibilidad del lector. ¿En qué consiste esto? Los recursos de que se vale Juan Rulfo no están a la vista; pero el efecto que se consigue es el que ha sido señalado. Tal vez alguien prefiera las proyecciones de crítica social que tiene Pedro Páramo; pero detenerse en ellas sería apartarse del juicio literario. Hay que abandonarlas, por eso, a pesar de su importancia y su sagacidad. Y hay que señalar la belleza, la originalidad, la eficacia literaria de este Pedro Páramo.

Fuente: Anónimo, "Los libros recientes", El Universal, 17 de abril de 1955, Primera Sección, p. 26. Se trata de una reseña de varios títulos. El resto de las obras comentadas eran: La sombra del Techincuagüe, de Ramón Rubín, Mazamitla, de Ricardo Garibay, El pueblo de Olivera Unda, y Semblanzas mexicanas (artistas y escritores del México actual), de Alfredo Cardona Peña.

A menudo se otorga un valor de verdad demasiado estricto a las declaraciones hechas por Rulfo sin tener en cuenta las circunstancias en que se produjeron. Muchas de las entrevistas con el escritor son monótonas, llenas de lugares comunes y repetitivas. El siguiente fragmento procede de una colaboración de Rulfo para la agencia EFE:

"No tengo nada que reprocharles a mis críticos. Era difícil aceptar una novela que se presentaba con apariencia realista, como la historia de un cacique, y en verdad es el relato de un pueblo: una aldea muerta en donde todos están muertos, incluso el narrador, y sus calles y campos son recorridos únicamente por las ánimas y los ecos capaces de fluir sin límites en el tiempo y en el espacio."

Fuente: Juan Rulfo, "Cumple 30 años Pedro Páramo", Excélsior, 16 de marzo de 1985, p. 14A.

Esta toma de distancia de Rulfo ante la respuesta crítica dispensada a su novela muestra también una de las características más subestimadas de Pedro Páramo: la forma en que se construye el personaje del cacique, que no tiene voz propia y cuya configuración depende de la voz narrativa o de los testimonios de aquellos que lo rodearon. Hay un gesto irónico en el hecho de que el cacique, el responsable de la destrucción de Comala, el detentador del poder local, dependa de instancias como el narrador o los otros personajes para aparecer ante el lector.

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