Poema del poeta granadino Pedro Soto de Rojas (1584-1655), publicado en 1652. Dentro de la poesía de Soto de Rojas se distinguen dos épocas, una anterior a 1613, que se caracteriza por su tono tierno, de imitación de Garcilaso, con uso preferente del soneto, de la égloga y del madrigal, y una segunda época, «intrincada», a la que pertenece su Paraíso cerrado para muchos, jardines abiertos para pocos, canto a su carmen del Albaicín granadino, donde vivió retirado el poeta.
La intención culta del poema aparece ya en el mismo título, y su esquema está imitado de las Soledades de Góngora. Por esto, no sin razón, se le ha llamado «Soledades en tono menor», ya que el poeta canta las soledades de los jardines de Granada, minuciosamente, deteniéndose en las descripciones, analizando lo pequeño, en un lento trabajo de orfebre, muy lejos de lo desproporcionado de Góngora.
De este modo de trabajar las imágenes nos da idea su canto al ruiseñor: «Clarín plumoso y órgano ligero/—en la materia linfa que es volante,/si en lo formal, océano elegante —,/el ruiseñor, el Anfión con vuelo, / asido al blando ramo/sube en su voz y se avecina al cielo…/¿Qué es esto espadachín enamorado,/nocturno paseante,/desvelado cantor, músico errante…?», o cuando nos describe la fuente con las esculturas que representan el bautismo de Jesús: «La voz de los desiertos, entre pieles; / la palabra, entre carne, de la altura».
En cuanto a los procedimientos, he aquí unos cuantos, de clara filiación gongorina: «cándida copia de cristal travieso», «vena desatada» — dice al agua—, «violín de pluma», «clarín plumoso», «órgano ligero», «espadachín enamorado», «desvelado cantor» — dice al ruiseñor. Soto de Rojas fue elogiado por Lope en su Laurel de Apolo y también por Góngora. Por esto —- al parecer de un crítico — simboliza, este poeta, «el triunfo del gongorismo en la lírica española del siglo XVII».

