Es una de las novelas cortas, o mejor, narraciones, de Tomás Carrasquilla (1858-1940), el novelista antioqueño que dio en La Marquesa de Yolombó el mejor y más completo tipo de la novela colombiana en el siglo XX.
Con elementos muy simples — el ambiente pequeño y rencoroso-de una aldea, San Juan de Piedragorda, en el que el eco de una contienda política alcanza también al espíritu religioso del pueblo, ciudadanos y clero: Quiteria, Milagros y Efrén, de una parte; el padre Casafús, el padre Vera, el Obispo, de otra — Carrasquilla logra un desarrollo verdaderamente dramático de la acción, conducida por personajes que a cada paso cobran un carácter más definido.
Profundamente irónica — rasgo esencial de toda la producción de Carrasquilla — y no exenta de cierto humor («la causa de todo fue la atrabilis, esa maldita atrabilis del padre Casafús»), esta breve narración deja traslucir toda la raigambre novelística del autor, otro de cuyos elementos es la casticidad idiomàtica y, en ésta, la riqueza de formas de clara extracción popular.
F. A. Martínez

