En 1624 apareció en Madrid Orfeo en lengua castellana. A la décima Musa, por el licenciado Juan Pérez de Montalván, natural de Madrid, obra que quiere ser una censura al Orfeo de Juan de Jáuregui (v.). Su pretendido autor, Juan Pérez de Montalván, era, al año de su publicación, un joven de veinte años, hijo del librero Alonso Pérez y discípulo predilecto de Lope de Vega.
La opinión pública lo atribuyó inmediatamente a este último, y ésta es la opinión que actualmente prevalece entre los críticos de nuestra literatura. Esta suposición aparece confirmada por cierto número de ejemplares con anotaciones del tiempo que afirman ser el autor el gran ingenio español (en un ejemplar de la Biblioteca Nacional de Madrid hallamos esta nota marginal, con letra del siglo XVII: «Este Orfeo le higo Lope de Vega, y le higo en quatro días»).
El hecho de que estas notas sean contemporáneas y procedentes de ejemplares independientes les confiere gran valor y autoridad. Por otra parte, la dedicatoria, «A la décima Musa», puede interpretarse también como un argumento en favor de la paternidad de Lope: «Décima Musa» llamó el poeta, en algunas ocasiones, a sus enamoradas, doña Bernarda Ferreira de la Cerda y doña Marta de Nevares.
El título de la obra es a todas luces irónico: «en lengua castellana», o sea, compuesto con las palabras usuales de esta lengua, sin las tenebrosidades del estilo de Jáuregui (v. en artículo correspondiente lo que se dice sobre la oscuridad de este poema). La verdadera intención de Lope — en el caso de ser él el autor de esta obra — fue seguramente sembrar la discordia ante el temor de que Jáuregui (que hasta la publicación de Orfeo fue generalmente considerado como adicto a su escuela) y Góngora (a quien Lope procuró siempre acercarse inútilmente) pudieran unirse y hacer un frente común.
Quizá por esto elogia a Góngora en el poema. Si el Orfeo de Jáuregui poseía una oscuridad que residía más bien en el color y tono del ambiente y de las mismas palabras, el Orfeo en lengua castellana posee un ambiente diáfano, aunque su estilo aparezca cargado de cultismos — algunos de tan mal gusto como los de Jáuregui — y de innumerables alusiones mitológicas. El poema consta de doscientas treinta y cuatro octavas reales repartidas en cuatro cantos.
En el primero, que canta las bodas de Eurídice y Orfeo, los agüeros aparecen mucho más ampliados que en el Orfeo de Jáuregui. A la fiesta concurren las nueve musas, que Lope nos describe (éste es un tema característico del autor, v. La Andrómeda); he aquí la aparición de Calíope: llega «más blanca que las flores que derrama/cerca del agua el oloroso espino».
El segundo canto, que narra la muerte de Eurídice, incluye un largo episodio sobre Aristeo, inventor de las colmenas, con ocasión del acoso de que es objeto Eurídice por parte de él. El canto tercero tiene por tema la bajada de Orfeo a los Infiernos, el rescate de Eurídice y su pérdida definitiva, siguiendo fielmente el relato de la fábula. El quinto exalta los cantos de Orfeo y contiene un elogio de los poetas del tiempo.
El autor sigue en su poema a Ovidio, sin que ello sea obstáculo para que incluya episodios procedentes de otras partes del mismo Ovidio o de otros autores clásicos. Como el Orfeo de Jáuregui contiene pasajes dedicados a expresar los maravillosos efectos y calidades de la música.
A. Comas

