Orbecche, Gian Battista Giraldi

Tragedia en cinco actos de Gian Battista Giraldi, llamado Cintio (1504- 1573), representada en 1541 e impresa en 1543.

Su importancia estriba en la circuns­tancia de ser la primera tragedia italiana compuesta para la representación y en efecto representada, y por el gran éxito que obtuvo entre sus contemporáneos, a los que pareció que Giraldi conciliaba las nor­mas clasicistas con el gusto moderno.

En el Discurso acerca del componer comedias y tragedias (v.), en que expresó los crite­rios por él seguidos al escribir sus trage­dias, el autor afirma preferir a todos los demás el de Séneca, el más perfecto, a su juicio, y el más conforme, por su «majestad» y su «grandeza», a los espíritus de su época.

Al Tiestes (v.) del trágico romano se con­forma, en efecto, la Orbecche, más especial­mente, no tanto por el asunto en sí, que es de libre invención de Giraldi y sacado de la novela II de la década II de sus Hecatónmitos (v.), como por el modo de tratarlo y por el fin hacia el que tiende el horror provocado por un crimen inaudito.

Orbecche, hija de Sulmón, rey de Persia, se ha casado secretamente con Oronte y ha tenido de él dos niños. El rey quiere que ella se case con el rey de los partos, y, al quedar descubierto el secreto matrimonio, prepara un castigo terrible para quien le ha engañado; para ello finge reconciliarse con su yerno, le manda venir con sus dos hijitos a una parte retirada del palacio, donde los infelices son despedazados, y en­vía después, como regalo nupcial, a su hija, cubiertos con un paño, la cabeza y las manos de su marido, y los cuerpos de sus hijos.

Orbecche, loca de dolor, mata a su padre y después se quita la vida. Para aumentar el horror, Giraldi hizo preceder a este truculento drama la narración de un tétrico prólogo, que ocupa todo el acto primero, en el cual comparecen como acto­res Némesis, las Furias y la sombra de Selina, la esposa de Sulmón, a quien éste mató por ser culpable de amor incestuoso con su hijo, y deseosa de vengarse en su marido y en Orbecche, su hija, quien, niña entonces, inconscientemente había revelado su culpa.

A pesar, o precisamente por causa de tanto horror, la tragedia resulta frígida y privada de poesía, aunque está muy hábil­mente llevada; apenas se pueden considerar dignos de atención los numerosos pasajes sentenciosos y moralizantes que Giraldi di­seminó en su diálogo para imitar a Séneca y para conseguir con mejor eficacia la finalidad ética, esencial para él, en la obra trágica y que están, ciertamente, más con­formes con su temperamento reflexivo que los pasajes con los que trata de prestar voz a las pasiones, y a las pasiones más frenéticas por cierto.

M. Fubini