Odas, Anacreonte de Teos

Anacreonte de Teos (s. VI a. de C.) fue poeta de profesión y empleó con preferencia su fácil vena en amenizar los banquetes de los príncipes y de los tiranos.

En pequeñas y graciosas estrofas, cuya melodiosidad acentuaba la música, celebra los goces de la mesa y del amor; evoca, con rápidos toques, vicisitudes sentimentales con jovencitos y muchachas y lamenta la brevedad de la juventud y la inminencia de la muerte.

Su gracia, ora despreocupada, ora ligeramente melancólica, evita el verdadero dolor y no llega nunca a la intensidad de la pasión. No es un poeta que tenga mucho suyo que decir, pero los lugares comunes de la poesía de banquete hallan en sus versos una expresión de cum­plida elegancia literaria, destinada a tener mucha fortuna y muchos imitadores.

Vivió hasta edad avanzada y tal vez por esto su figura cristalizó en la del viejo divertido cuya experiencia de la vida es sugerida, más que por la mueca de amargura, por la elegante sonrisa. Con todo, no le faltan otros temas (p. ej. el fragmento 21, estre­mecido de odio y desprecio contra un rival) en su producción poética, que fue vasta y múltiple y que comprende, además de las odas propiamente dichas, elegías y yambos.

Los antiguos conocían de ella cinco libros, pero hasta nosotros, como de casi todos los líricos griegos, sólo han llegado fragmentos. La fortuna de Anacreonte está además ates­tiguada por las llamadas Anacreónticas (v.).

A. Brambilla

Un hálito pasajero de vientecillo fresco, en el verano oloroso y placentero, que de pronto os restaura en cierto modo y os abre como el respiro y el corazón con particular alegría; pero antes que podáis satisfaceros plenamente con aquel recreo o analizar su calidad y distinguir por qué os sentís tan refrescados, ya aquel hálito ha pasado. (Leopardi)