Obra Menor, Roger Bacon

[Opus Minus]. Recapitu­lación de la Obra Mayor (v.), con adiciones sobre la alquimia, el estudio de la teología y otros temas, del filósofo y hombre de ciencia inglés Roger Bacon (alrededor de 1214-1294), compuesta y enviada en 1267 al papa Clemente IV, que le había ordenado exponer sus ideas cientificofilosóficas.

De las nueve partes de que estaba compuesta sólo quedan dos: la que trata de la alquimia, ya teórica, ya práctica, y la que, trata de los siete pecados de la teología. Estos son, según Bacon, la intrusión de los teólogos en el dominio de la pura filosofía; su igno­rancia de las ciencia; el ascendiente inme­diato e inmerecido de los dos principales teólogos Alejandro de Hales y San Alberto Magno; la preferencia concedida al Libro de las sentencias (v.) de Pedro Lombardo sobre la Biblia (v.); la corrupción del texto de la Vulgata; los errores de exégesis; la ignorancia de los predicadores.

Son nota­bles las críticas a la ignorancia de la cien­cia, sumamente necesaria para los teólogos. Ellos sólo estudian gramática latina, lógica, filosofía natural (muy superficialmente) y una parte de la metafísica; cuatro ciencias «de ninguna importancia». Las otras cien­cias más necesarias: lenguas extranjeras (orientales), matemática, alquimia, quími­ca, física, ciencias experimentales, morales, las dejan de lado. Además, al estudio de aquellas cuatro ciencias aportan una por­ción de errores y prejuicios, rio pudiendo comprender bien a los autores que estu­dian, que abundan en expresiones griegas, árabes y hebraicas.

El texto de la Sagrada Escritura está, por otra parte, horriblemente desfigurado, y cada cual lo corrige a su manera; y cuando su sentido literal queda falseado o dudoso, el espiritual no puede ser corregido. Todo esto por la ignorancia del griego y del hebreo, sin los cuales ni siquiera la traducción latina de la escritura es inteligible. Otra de las culpas es el mé­todo radicalmente falso de predicar. En vez de repartir a los fieles el pan de los man­damientos de Dios e inculcarles deberes mo­rales, se pierden en niñerías, en declama­ciones enfáticas, estimulando la curiosidad de los oyentes, pero no mejorando su espí­ritu. Después de la crítica viene el plan reconstructivo, según las líneas de conducta expuestas en el Opus Maius.

G. Pioli