[Le chef-d’oeuvre inconnu]. Relato de Honoré de Balzac (1799-1850), publicado en 1832. Han subido al estudio del pintor Porbus el joven artista Nicolás Poussin, aún desconocido, y el anciano maestro Frenhofer, y ambos admiran un gran cuadro que representa a María Egipcíaca iluminada por los primeros rayos del sol.
El viejo maestro está satisfecho de su trabajo, pero encuentra que la creación está incompleta; luego, como presa del frenesí creador, toma pincel y paleta y, con algunos toques nerviosos y seguros, ejecuta el milagro de hacer revivir aquella figura de arte. Pero Frenhofer, dueño absoluto de la técnica, no ha terminado todavía su obra maestra, la «Belle Noiseuse», en la que trabaja desde hace diez años y que nadie ha podido ver nunca: no ha encontrado todavía la mujer que le inspire la perfección a la que aspira.
Nicolás Poussin propone hacer posar a la mujer a quien ama. A la vista de aquella incomparable belleza, el viejo Frenhofer termina en un momento su obra y la muestra a los dos artistas, que, estupefactos, consiguen distinguir con dificultad, en un rincón de la tela, la punta de un pie desnudo, delicioso, viviente, perdido entre un caos de colores, de tonos, de medias tintas, en una especie de niebla informe.
La desilusión que se lee en el semblante de los dos artistas mata al maestro y a su gran sueño de perfección. Hay aquí, como en Gambara (v.), la ambición de penetrar los misterios de la psiquis humana y el milagro de la creación artística.
M. Bonfantini

