Contra la ciudad rebelde de Numancia el senado romano envía a Escipión que, llegado junto con su hermano Quinto Fabio, con Cayo Mario y Yugurta, se prepara para sitiarla. Reprocha su debilidad a los soldados y rechaza una embajada de los numantinos que va a tratar con el general una rendición honrosa; Escipión quiere tomar la ciudad para su triunfo.
A los numantinos, agotados por el hambre, se les ocurre confiar la decisión de la guerra a un combate singular entre el campeón numantino y un romano. Los sacerdotes numantinos obtienen augurios desfavorables, y el hechicero Marquino resucita a un joven que también predice la ruina de la ciudad. Sin embargo, uno de los gobernadores, Caravino, ofrece el combate de los dos campeones a Escipión, que lo rechaza.
Los numantinos deciden salir contra el enemigo, pero les retienen las mujeres. Entonces queman todos sus bienes, y los hombres matan a las mujeres e hijos y luego se suicidan. Cuando Escipión entra en la ciudad, encuentra un pueblo lleno de cadáveres: el único superviviente, el muchacho Viriato, para no caer en manos romanas y no servir al triunfo del caudillo, se precipita desde lo alto de una torre.

