Noches, Alfred de Musset

[Les Nuits]. Cuatro gran­des poesías, las más conocidas, de Alfred de Musset (1810-1857). Extendiéndose de mayo de 1835 a octubre de 1837, reflejan diversos momentos de la vida sentimental del poeta y no siempre la mujer por la que sufre es George Sand; pero todas han nacido de la profunda agitación producida en su ánimo por la aventura veneciana, por aquel dolor que ahora le arranca los acen­tos más desgarradores y lentamente se cal­ma con el consuelo de la poesía.

En la Nuit de mai (1835), la Musa consuela al poeta y le incita a vencer el dolor con el canto; si en él sólo el corazón está vivo, que lo explique su pluma, que de su he­rida extraiga la poesía, el bálsamo para los mortales, como el pelícano que con su sangre alimenta a sus hijos. En la Nuit de décembre (1835) recuerda que siempre, en los momentos más graves de su vida, se le ha aparecido una visión, un huérfano ves­tido de luto que se le parecía como un her­mano.

Ahora, mientras llora a la mujer que le ha abandonado, la orgullosa que no ha sabido perdonar, he aquí a la visión que habla: es la Soledad. Vuelve la Musa en la Nuit d’aoüt (1836), y le reprocha por abandonarse todavía a las pasiones que marchitan su alma y su cuerpo; pero él grita su necesidad, su propósito de seguir sufriendo y amando. La Nuit d’octobre (1837) se enlaza directamente con la pri­mera; el poeta recuerda la traición lejana y el dolor renace; la Musa le persuade de que no maldiga a quien, al hacerle sufrir, le ha revelado el valor de la vida, y de que la compadezca por no haber sabido amar como él.

Aunque el escritor no haya vencido todos los defectos de su poesía’, fácil, abandonada y oratoria, ha recogido notas y vibraciones francas y ha dado lo mejor de su alma y de su arte. A las No­ches puede unirse Recuerdo [Souvenir] (1841): el recuerdo del gran amor que le asalta en el bosque de Fontainebleau, don­de conoció la felicidad. Pero, contrariamen­te al dantesco «Nessun maggior dolore…», el recuerdo le es dulce, es un tesoro que conserva en su ánimo, consciente de haber amado, de haber sido amado. Poesía senci­lla, difusa y, sin embargo, intensa, que re­cuerda otros cantos del recuerdo, el lamartiniano Lac y la suntuosa Tristesse d’Olympió de Victor Hugo. [Trad. castellana de G. Velmonte, Madrid, 1889].

V. Lugli

Poemas breves compuestos y meditados, que señalan el punto más alto de su genio lírico. (Sainte-Beuve)

Musset, barbero sentimental. (Flaubert)

Es poesía de decadencia y, más aún, de decrepitud, que no puede escucharse sin malestar. Nada choca más que estos lamen­tos y estas confidencias públicas. La reacción parnasiana fue un movimiento de pudor. (Gourmont )

Musset, a pesar de todo, es un poeta de segundo orden y sus admiradores lo comprenden tanto, que siempre dejan reposar una parte de su obra y vuelven a ella cuan­do se cansan de cultivar la otra. (Proust)

Como poeta del amor desgraciado, autor de los versos de amor más sinceros, más discretos, más sencillos, más desesperados de su época, en las Noches, en el Recuerdo, y en muchas otras poesías breves de las Nuevas Poesías, [Musset] ocupa entre los románticos un papel de testigo del corazón humano análogo al que ocupó Racine entre los poetas clásicos. (Thibaudet)