«Novela escénica» en cinco cuadros del comediógrafo español Jacinto Benavente (1866-1954), representada en 1903.
El argumento se desarrolla una noche de sábado en una estación termal «entre Francia e Italia», donde con los demás huéspedes de importancia se encuentran el príncipe Miguel Alejandro y su sobrino el príncipe Florencio, presuntos herederos de la corona del fantástico reino de Suabia. El primero ha arrancado de la demente lujuria del segundo a la Bella Imperia, una pueblerina romana que, desde el momento en que un escultor modeló con sus formas juveniles una estatua famosa, ha quedado como poseída por un sueño de grandeza y belleza que le ha creado una especie de oasis ideal en su vida de cortesana.
Donina, la hija de catorce años de Imperia, ha huido de su casa con un artista joven y cínico, Nunú, de quien está locamente enamorada. La cortesana, que sabe que no ha sido para la joven una auténtica madre, perdona dicha decisión, a mayor abundamiento porque cree reconocer en el gesto de su hija una repetición instintiva de su ansia de belleza. Pero Donina es de temperamento muy distinto: es una sentimental impulsiva y cuando advierte que su amante la ha vendido a la lujuria del príncipe Florencio, apuñala a este último y muere obsesionada por la pesadilla y por el abandono de Nunú.
Imperia siente despertarse en ella el sentimiento maternal, pero es sólo una ligera turbación, y después de dar un beso sobre la frente de su hija marcha para mantenerse fiel a su ideal de belleza y grandeza.
La «novela escénica» de Benavente es teatro poético que penetra en el teatro de costumbres y no puede decirse que la mezcla esté mal conseguida; el defecto de la obra, rica en poesía y experiencia teatral, radica en la indeterminación brumosa de la ideología sobre la cual se basa: toda la vida es una tragedia de cuyo movimiento vertiginoso sólo se libra quien sabe mirar hacia un espejismo ideal.
A. R. Ferrarin

