El Niño en la Balaustrada, René Boylesve

[L’enfant á la balustrade]. Novela del francés René Boylesve (René Tardiveau, 1867-1926), publicada en 1903. Es una obra de fondo autobiográfico, narrada en primera perso­na, seguida de otra novela de menor inte­rés, El picotazo [La becquée], que habla de recuerdos de infancia y divaga sobre la vida del campo.

Un muchacho, Enrique, llamado Riquito [Riquet], después de haber estado con su abuela, retorna a la familia: el padre, el notario Nadaud, después de la viudez se ha casado de nuevo y no marcha de acuerdo con los parientes. Riquet sufre a causa de estas discordias, pero bien pron­to nuevos acontecimientos perturban su vida. El notario, ligado a las familias de la burguesía conservadora, sigue fiel a los ideales del Segundo Imperio, en tanto que en Beaumont, donde habita, las gentes sien­ten simpatía por los hombres nuevos y los agitadores políticos.

Se levantan murmura­ciones cuando se sabe que ha adquirido una de las más hermosas casas del pueblo, la de la vieja Colivant; a la muerte de ésta, la casa será suya. Diversas familias del lugar se coligan contra el notario y tratan de hacerle la vida imposible; entre continuas discordias, su vida queda turbada por los amigos que le traicionan, por pleitos con los parientes, por asuntos que van mal. Pero el muchacho ve en la casa soñada una nueva existencia: le gusta el reloj de sol, y asomarse por la alta balaustrada desde lo alto de la colina equivale para él a con­templar la vida.

El amor secreto por una bella pero extraña jovencita, Margarita, hija del diputado anticlerical Charmaison, ligado a los enemigos del notario, da un significado a la vida de Riquet. Ve pasar al mundo bajo sus ojos, desde la balaus­trada de una casa que todavía no es de su padre. Por fin, éste logra, tras varias peripecias, ser el propietario e instalarse en ella. Muchas cosas han pasado, sin em­bargo, y varios han sido para el muchacho los desengaños, a causa de la voluble Mar­garita. También un joven doctor del lugar, Troufleau, se ha enamorado vanamente de ella. Y un hermoso día ella vuelve de im­proviso para anunciar su noviazgo preci­samente con un doctor que había venido al país a hacer una indebida competencia a Troufleau.

No le queda a Riquet más que encerrarse en su interioridad de soñador, ya que él ha visto siempre la realidad pa­sar ante sus ojos como desde la balaustrada de la vieja casa. La novela presenta con agudeza la vida de provincias; vale sobre todo por la leve melancolía que impregna las evocaciones de la infancia lejana, si bien más allá del mudo desengaño de un muchacho se recuerdan también cuestiones de honrilla y luchas electorales de un pue­blo cualquiera.

C. Cordié