El Negro del «Narcissus», Joseph Conrad

[The Nigger of the «Narcissus»]. Novela del es­critor inglés de origen polaco Joseph Conrad (Teodor Jozef Konrad Korzeniowski, 1857-1924), aparecida por entregas en la «New Review» de Henley en 1897, y en volumen al año siguiente; la edición in­glesa lleva por título The Nigger of the «Narcissus», a Tale of the Forecastle, y la americana el título Hijos del mar [Children of the Sea].

Es una de las mejores novelas de Conrad, quizás aquella en que se fun­den de modo más equilibrado sus cualidades románticas con una sencillez épica. La no­vela desarrolla una experiencia autobio­gráfica del Conrad marinero. El velero «Nar­cissus» zarpa de Bombay hacia Inglaterra. Al reunirse la nueva tripulación sobre el puente, se presenta en último lugar un ne­gro alto, que tose continuamente, James Wait, recién enrolado.

Empieza la larga tra­vesía. La presencia de aquel negro enfermi­zo extiende una sensación de inquietud so­bre el ánimo de todos. Entre la tripulación destacan el decano de los marineros, Single- ton, de prudencia bíblica; el rebelde e inútil Donkin, que atiza las discordias, y el cocinero, lleno de manías religiosas. Sobre todos ellos destaca el segundo, Baker, ofi­cial diligente, enamorado de la nave, pero sin cualidades brillantes y sin apoyos, con­vencido de que nunca llegará a capitán; y el comandante, Allistoun, tranquilo, ponde­rado, capaz al mismo tiempo de reflexión y de energía, quizá la figura ideal de ca­pitán de navío.

Pero la presencia del ne­gro se cierne como un halo funesto y enig­mático en torno a la nave. Es maestro en el arte de hacerse compadecer y emplea su enfermedad para abusar de los demás ma­rineros y humillarlos. Todos le sirven, le miman, aun odiándolo en su corazón. Qui­sieran desembarazarse de él, pero al mismo tiempo se sienten fascinados por la ame­naza de muerte que parece pesar sobre el hombre. Estalla una tempestad; varios ma­rineros exponen sus vidas por sacar al en­fermo de la cabina donde se hubiera aho­gado.

Pero ni una palabra de gratitud surge de sus labios. Cuando por fin el negro se decide a morir, el fúnebre hechizo queda roto, y la tripulación — que poco antes, al tomar su defensa contra las reprimendas del capitán, ha rozado el motín — parece despertarse aliviada y aturdida; la vida de a bordo vuelve a ser normal y el navío, pasados unos días, llega felizmente a Lon­dres. El arte de Conrad se supera al crear una especie de espejismo en torno a sus creaciones, que parecen, de ese modo, tener doble vida y doble significado, y participar al mismo tiempo de la existencia terrena y de un mundo en el que reinan fuerzas os­curas.

El encanto y el hallazgo de El negro del «Narcissus» está precisamente en la at­mósfera que la presencia de aquel badu­laque con su tos crea en la nave. Todos experimentan el peso y la condena de in­esperadas responsabilidades y, aunque la enfermedad del negro sea real y le con­duzca a la muerte, se experimentan a bordo la sensación de ser víctimas de un hechizo siniestro. Pudiera decirse que el navío está hechizado; es la novela de la mala suerte, elevada a clima poético y sobrenatural. Aparte de ello, el libro contiene algunas de las mejores escenas de vida marinera de Conrad. [Trad. de Ricardo Baeza (Bar­celona, 1932)].

P. G. Conti

El arte de Conrad es lo contrario del arte descriptivo, sobre todo del de Balzac; no coloca la realidad ante el hombre, sino al hombre ante la realidad. (Fernandez)