[Mosses from an Old Manse]. Narraciones originariamente en dos volúmenes, del norteamericano Nathaniel Hawthorne (1804- 1864), publicadas en Nueva York en 1846.
Las narraciones de la colección fueron compuestas en su mayoría entre 1842 y 1846, en un feliz período de la vida del autor, en el que éste, tras su matrimonio, se fue a vivir a una antigua mansión de Concordia, en Massachusetts, no lejos del río del mismo nombre y del puente del Norte, junto al cual, en 1775, ocurrió uno de los encuentros más importantes de la guerra de la Independencia.
Más que este recuerdo bélico, fascinaba a los nuevos esposos la soledad agreste del lugar, la feracidad del huerto, la vecindad y las frecuentes visitas de geniales amigos, como Emerson, que habitaba no lejos de allí y que en otro tiempo había también vivido en aquel lugar. Aunque, como siempre, bastante desprovisto de medios, Hawthorne pasó en aquella casa algunos años de serena contemplación, y escribió y reordenó a su gusto un grupo de narraciones, moralidades y fantasías, que reunió luego bajo el título que encabeza este artículo.
Comienza el volumen con una descripción de la casa, del paisaje que la rodea, del río, de los bosques, descripción que hace vivir de tal modo la atmósfera del lugar, que se puede considerar como una obra maestra del género. Siguen veinticinco narraciones, o fantasías, de contenido, carácter y valor literarios bastante desigual. Van desde la leyenda fantástica y moral, Penachito (v.), hasta la más emotiva narración, La hija de Rappacini (v.), o el juego imaginativo del título final, «La colección de un virtuoso».
No son pocas las narraciones autobiográficas, como los «bosquejos De memoria» [«Sketches from memory»], que describen de modo fuerte y sabroso experiencias de viaje o de carácter vagamente autobiográfico. A veces aparece en el fondo la vieja granja, como en «Capullos y cantos de pájaros» y en «Los nuevos Adán y Eva». El arte de Hawthorne se nos muestra en este libro en plena madurez; por eso contribuyó más que ninguna otra obra a su fama literaria. Las características de su genio se adaptan perfectamente a este género de bocetos o narraciones breves, que ofrecen libre juego a su delicada sensibilidad y a su fantasía.
C. Pellizzi
Poe usa lo fantástico como mixtificador; Hawthorne se complace en él como moralista, pero consigue al mismo tiempo excelentes efectos artísticos. (B. Michaud)

