[A tooman who rodé away]. Novela corta del escritor inglés David-Herbert Lawrence (1885-1930), perteneciente a lo que se ha dado en llamar su período mexicano Se publicó en 1928 y, en versión castellana, en 1939 (Editorial Losada, S. A., Buenos Aires).
Esta novelita, una de las mejores de Lawrence, nos cuenta la historia de una californiana de treinta y tres años cuyo marido dirige la explotación de una mina de plata en Sierra Madre. Impulsada por una corazonada, abandona la tediosa existencia al lado de su marido e hijos y parte a caballo en busca de los indios. Después de dos días se encuentra con ellos, que la conducen a su poblado. Cansada del dios de los blancos, la mujer se deja «convertir» a la religión de los indios, que la mantienen prisionera y que, al final, la sacrifican.
En este relato, Lawrence vuelve a insistir en uno de sus temas predilectos: la decadencia de la raza blanca debilitada por su intelectualismo y espíritu crítico, víctima de una voluntad esterilizante por haber perdido contacto con el fondo esencial de la vida. La fuerza de la novela estriba, por una parte, en que la mujer, aunque acabe siendo una víctima, no es presentada como tal y, por otra, en que los indios, por primitivos que sean, no son tratados como héroes, como cabía esperar de la ideología del autor, que se limita a pintarnos la trágica situación con rasgos casi siniestros., Antes de su encuentro con los indios, la Mujer que se fue a caballo decía: «Me siento ya muerta». Efectivamente, en el presente de la obra cargado de amenazas, de colores y de belleza (Lawrence es un auténtico pintor), la mujer acepta la muerte total y ya admitida.

