Evocaciones de la tierra natal, por Joaquín V. González (1863- 1923), ilustre estadista, jurista, educador, sociólogo y literato argentino, natural de La Rioja, la provincia descrita. Apareció en 1893. Salvo raros antecedentes, con Mis montañas se inicia en la Argentina a fines del siglo XIX la literatura de costumbres regionales.
El autor entremezcla recuerdos de la propia infancia a sus evocaciones poéticas, revividas, como lo dice en el primer capítulo, «Cuadros de la montaña», en un viaje al interior de la sierra de Velasco. Los cuadros que siguen, veinte, describen reliquias indígenas como los encumbrados fuertes de los indios calchaquíes («El pucará»); las costumbres de los montañeses («Costumbres campesinas»); tipos singulares («El indio Panta», animador con su tambor legendario de toda fiesta popular; «El coronel don Nicolás Dávila»); escenas del folklore local («La vidalita montañesa», la procesión religiosa; la fiesta de «El niño alcalde»; «La chaya», orgiástico carnaval indígena); faenas de la vida rústica («Las cosechas», «La trilla», «Una cacería»); espectáculos de la naturaleza («El huaco», «En el Famatina», «El cóndor», «La flor del aire»); o animan nostálgicamente recuerdos infantiles («La vuelta al hogar», «La escuela», «Escenas de invierno»); o resucitan figuras históricas («La misión de San Francisco Solano»); o refieren anécdotas lugareñas («El vaticinio de un cigarro»).
La vigorosa pintura realista se alía en estos cuadros con la misteriosa poesía de la montaña; la interpretación de los mitos indígenas con la reflexión filosófica o moral. Mis montañas llevaba al aparecer una extensa carta-prólogo del poeta Rafael Obligado, en la cual el ya popular cantor del Paraná y de la leyenda de Santos Vega ve expresado en el libro de González el anhelado arte peculiarmente sudamericano, inspirado en el sentimiento vivo y directo de la propia tierra.
R. F. Giusti

