Novela pastoril-caballeresca del portugués Bernardim Ribeiro (14829-1552?), publicada por vez primera en 1554, Como la Arcadia (v.) de Sannazaro, que es su primer modelo, Menina e moga está escrita en prosa y contiene fragmentos de poesías intercalados; otro modelo de Ribeiro es la novela de caballerías, tan afortunada en su tiempo en España y Portugal.
El título original, Saudades, fue substituido por las tres palabras con las cuales se inicia el libro: «Menina e moça me llevaron de la casa de mi padre hacia lejanas tierras», así empieza el monólogo de la joven que luego narra la historia de Lamentor y de Narbindel, con los cuales se inicia la novela, y los tristes amores de éstos con la princesa Aonia. Los episodios resultan a menudo obscuros porque fueron involuntariamente desordenados por los editores. Pero nos encontramos, ciertamente, en presencia de una novela en clave, en la cual Ribeiro disfraza con pormenores fantásticos sucesos de su vida; los personajes son denominados por medio de anagramas que a menudo es fácil de identificar, como en el caso de Narbindel o Bimnarder, que es el propio autor (Bernardim) o en el de Aonia, que es Joana, una prima de Ribeiro. Según una tradición romántica, Menina e moga viene a ser una velada manifestación de la secreta pasión amorosa de Ribeiro por la infanta Beatriz, hija del rey Manuel, dada en matrimonio al duque Carlos III de Saboya. La novela se divide en dos partes: los treinta y un capítulos de la primera y los doce primeros capítulos de la segunda, son, sin duda, obra de Ribeiro; los restantes cincuenta y ocho, que faltan en la primera edición, son de otra mano porque carecen de la profundidad psicológica y del pathos que confieren un carácter tan singular a la obra. Las poesías intercaladas son de una gran belleza y la prosa es de exquisita factura.
A. R. Ferrarin
No es el primer ensayo de novela pastoril, como generalmente se dice, sino una novela «sui géneris», llena de subjetivismo romántico, en que el escenario es pastoril aunque la mayor parte de las aventuras son caballerescas. (Menéndez Pelayo)

