Las Memorias del escritor español Pío Baroja (1872-1956) llevan un subtítulo expresivo: Desde la última vuelta del camino. Comienzan con el volumen denominado El escritor según él y según sus críticos (I) y en cuyo prólogo el autor asegura que: «Yo no tengo la costumbre de mentir. Si alguna vez he mentido, cosa que no recuerdo, habrá sido por salir de un mal paso. No por pura decoración. Los hechos de la vida están casi siempre tan conectados el uno con el otro, que el mentir para darse tono me parece una estupidez sin objeto… Yo pienso que puedo hablar de mí mismo sin sentir ningún entusiasmo egotista físico o intelectual. Me figuro que puedo desdoblarme en un actor y en un espectador… Respecto a la verdad de los hechos que yo cuento, yo la tengo por exacta; pero no me chocaría nada que muchos pequeños detalles estuvieran transformados por el recuerdo. A mí se me ha ocurrido escribir unas Memorias ahora que ya no tengo memoria. Me he metido en esta tarea por la fuerza de la inercia. Leer, he leído mucho, quizá demasiado; hacer, ¿qué voy a hacer? No me voy a poner a estudiar matemáticas ni a plantear negocios. No tiene uno la cabeza lo bastante fuerte para esto. Dormir, me gustaría dormir muchas horas, pero duermo poco y mal».
Por ello, al parecer, don Pío se puso a escribir sus memorias para hacer algo. En el verano de 1941, en Itzea, su casa de Vera, comenzó su tarea. «Me levantaba antes de las seis de la mañana, al sonar el Angelus, y, después de arreglarme un poco, estaba para esa hora dedicado a mi tarea». Y así, con una fluidez que va tirando de los recuerdos suavemente, coordenadamente, don Pío nos dice cómo es él y cómo le han ido viendo sus críticos. En el volumen Familia, Infancia y Juventud (II), el autor sigue la línea de sus propios acontecimientos dentro y fuera de su círculo doméstico. El tomo III está dedicado al Final del siglo XIX y principios del XX; el IV es una Galería de tipos de la época; el V se refiere a La intuición y el estilo; el VI está dedicado a Reportajes, y el VII a Bagatelas de otoño. No sabemos si incluir en estas Memorias el volumen Canciones del suburbio, con prólogo de Azorín. Las Memorias de Baroja nos ilustran respecto a un tiempo y una generación que pesa en la literatura española de antes de la guerra de 1936.
C. Conde

