[Mar i cel]. Tragedia en tres actos y en verso del poeta y dramaturgo catalán Ángel Guimerá (1845-1924), estrenada en el teatro Romea de Barcelona la noche del 7 de febrero de 1888. La tragedia está concebida y desarrollada en un mundo primario de pasiones que traduce el contraste del mundo exótico de los piratas argelinos con el mundo cristiano.
La acción transcurre en el año 1639. Una nave pirata, al mando de Saíd, ha abordado una nave cristiana, apresando a tripulantes y viajeros. El patrón de la nave cristiana, Ferran, su tío Caries, jefe de los ejércitos españoles, y su prima Blanca, que se dirigía desde Mallorca a Barcelona para profesar en un convento, forman un grupo cerrado en su fe religiosa y en su posición social frente a los piratas, casi todos ellos moriscos expulsados por Felipe III. Said, hijo de un sarraceno converso y una cristiana, estuvo presente en el asesinato de sus padres, perpetrado por los cristianos en el momento de la expulsión. La narración de la muerte de la madre de Said hace nacer en Blanca un principio de piedad, que se convertirá en pasión arrolladora. Said, cautivado por la dulzura de Blanca, protege a los prisioneros de las exigencias de su tripulación, sobre todo de su segundo, Malek, a quien destituye, poniendo en su lugar a Joanot, cristiano renegado. Éste, para congraciarse con los cristianos, arma a los prisioneros, quienes, después de una rápida lucha, se apoderan de la nave.
Carles y Ferran, arrastrados por su fanatismo religioso, quieren dar muerte a Said, que es protegido por Blanca. Said se entrega, y Ferran se siente atraído por la generosidad del argelino. Prepara su fuga, pero es descubierto por Caries, que dispara sobre él. Blanca se interpone y es herida de muerte. Said la recoge en sus brazos y se arroja al mar. La’ obra, resuelta con los tópicos más característicos del romanticismo, no carece de grandeza trágica. Los sentimientos — dentro de la tónica de exaltación romántica — se pliegan a una psicología más o menos precisa, con evoluciones y rectificaciones que revelan, con todo, directrices de concepción firmes y seguras.
J. Molas

