Los Mandarines, S. de Beauvoir

Los «mandarines» son aquellos intelectuales franceses que estuvieron en el candelero en los años de la segunda posguerra. Pese a su densa trama, el fundamento narra­tivo se basa en «la ruptura y la reanudación de una amis­tad entre dos hombres».

Estamos en vísperas del primer día de Navidad después de la paz (1944). Robert Dubreuilh, de sesenta años, es un viejo militante socialista, escritor y profesor honorario en la Sorbona. Después de la Liberación ha fundado un movimiento de izquierdas no comunista, pero tampoco anticomunista, que tiene como meta crear una Europa socialista con el fin de con­tribuir a evitar la guerra fría entre la URSS y Estados Unidos.

Para difundir sus ideas Dubreuilh utiliza «L’Espoir», el periódico dirigido por su amigo Henri Perron, de treinta y cinco años, novelista, apasionado también por la política pero más preocupado por escribir un libro sobre la felicidad. Un día de 1946, se enteran, a través de documentos secretos, de la existencia de campos de concentración en la Unión Soviética.

Dubreuilh es del pa­recer de no escribir ningún artículo sobre dicho tema para no proporcionar argumentos a la derecha. Henri piensa, por el contrario, que hay que hacer saber la ver­dad, sino por otra razón, al menos para influir en la Unión Soviética, y publica los artículos en «L’Espoir». Ambos amigos discuten. Finalmente, se reconcilian en un sentimiento común de impotencia política.