Los Endemoniados, Fedor Dostoievski

[Besy], Novela rusa publicada en 1871-1872. Es la novela de Dostoievski típicamente política, en la cual el escritor toma una neta posición contra el movimiento re­volucionario del séptimo y octavo decenio del siglo XIX, el llamado nihilismo terro­rista.

Como ya en El idiota (v.), el nove­lista mueve varios episodios en torno a uno central: la organización de delitos por me­dio de los cuales el jefe del movimiento en una ciudad de provincias trata de ligar en­tre sí a los conjurados. Cuatro figuras, por encima de las demás, se elevan en la masa de personajes que vertiginosamente se mue­ven en torno a dicho hilo interno: Stavrogin (v.), Pedro Verchovenskij (v.), Kirillov (v.) y Satov (v.); los dos primeros, las verdaderas almas malditas de la acción, uno el instrumento pasivo y el otro el ac­tivo del espíritu demoníaco que domina sobre todo. De todos los delitos que tras­tornan a la ciudad, asesinatos, incendios, sublevaciones y suicidios, la causa es Pedro Verchovenskij. Los otros dos, Satov y Kirillov, representan la posibilidad del paso del espíritu demoníaco a la liberación de la fe: el primero personifica la culpa, con­secuencia de la soledad de la fe, el otro la lucha de la fe desencaminada por la rebelión.

Social y políticamente la novela debía mostrar todos los puntos débiles del espíritu revolucionario y negador de Dios, sobre todo en las consecuencias de la iden­tificación de nihilismo y ateísmo. Artísti­camente, pese a la fuerza excepcional de algunas partes, Los endemoniados es una de las novelas de Dostoievski donde las ideas teóricas se funden menos con la acción; sin embargo, la personificación de dichas ideas perdura como una de las cosas mayores del escritor, que aparece también él, como los protagonistas, endemoniado. Algunas palabras suyas parecen inspiradas por esta novela: «Siempre y donde quiera que vaya hasta los últimos confines, duran­te toda mi vida he pasado siempre el lími­te».

El odio ético por las ideas representa­das por sus héroes está impulsado de hecho hasta arrastrar al mal incluso las luces de bien que él mismo revela en el fondo de su naturaleza, y penetra, como en la repre­sentación de la inquietud de Kirillov que se mata para ‘negar la existencia de Dios, en meandros tan profundos de la vida humana, que el hombre no dotado de la clarividencia del profeta no puede escrutar. Documento de una época y de una lucha, Los endemoniados promovieron feroces po­lémicas, también porque en este o aquel personaje se quisieron ver, quizás errónea­mente, hombres representativos de la épo­ca. Un crítico, Volynskij, ha llamado a la novela «el libro de la gran ira» y como tal perdura aún hoy para nosotros. [Trad. de Rafael Cansinos Assens, en Obras com­pletas, t. II (Madrid, 1935)].

E. Lo Gatto

Introducir en una novela personas cono­cidas por todos camuflándolas y quizás alterándolas con invenciones de la fantasía, significa convertir la propia creación sub­jetiva en historia, privando al mismo tiem­po a las personas introducidas en la novela, de la posibilidad de defenderse. Considero dichos procedimientos inadmisibles para un artista. (Turguenev)

Los endemoniados son una novela, no de la época contemporánea, sino de la fu­tura. (Berdiaev)