Las Siete Columnas De La Sabiduría, Thomas Edward Lawrence

[Seven Pillars of Wisdom]. Obra de Thomas Edward Lawrence (1888-1935), pu­blicada en 1926. Lawrence, después de ha­ber estudiado en Oxford, se dedicó a la arqueología y comenzó a ocuparse de los castillos de los Cruzados en su primer tra­bajo: «La influencia de las Cruzadas sobre la arquitectura medieval militar de Euro­pa»; pasó luego un largo período en Siria, adquiriendo una perfecta familiaridad con los árabes y curdos, adaptándose a sus cos­tumbres y a su modo de vestir, impelido a todo ello por sus afinidades personales y por su gran deseo de independencia y vida sencilla, sin ningún afán de posesión material.

Poco antes de la Gran Guerra fue enviado al Sinaí, más allá de la frontera egipcia, para realizar una expedición en apariencia arqueológica, pero que en reali­dad era un reconocimiento militar. Fue éste el principio de la fase más significativa de toda su vida. En realidad, una vez desatada la Gran Guerra y también el levantamiento árabe contra los turcos, en junio de 1916, el gobierno británico pensó enviar a Law­rence, ya mandado a Egipto, para una mi­sión en el Hedjaz. Al terminar la guerra, cuando todas las esperanzas que habían inflamado a Lawrence se podían dar por fracasadas, él pensó contar sus peripecias en Arabia en este libro, cuyo título está tomado de un versículo del capítulo 4.° de los Proverbios: «La sabiduría se cons­truyó su morada: cinceló sus siete colum­nas». En la edición original consta la obra de una introducción y diez libros. En la introducción, Lawrence estudia los motivos de la revolución árabe y todos los diversos elementos del nacionalismo árabe del que él mismo era un defensor convencido.

Careciendo tal alzamiento de una organiza­ción, la Gran Bretaña fue inducida a con­siderar el envío de tropas. Ante la oposi­ción del Estado Mayor general, se pensó enviar a Lawrence a La Meca, con el fin de realizar investigaciones. Lawrence halló en Feisal el profeta guerrero adecuado al movimiento (Libro 1.°: «Mi primera visita en Arabia») y al regreso propugnó la in­oportunidad de enviar tropas, siendo sufi­cientes las de Feisal. De este modo inició su obra de paladín de la independencia árabe. El consejo que aportó, y que le per­mitió ganar el favor del alto mando, dio lugar a que se le enviase de nuevo junto a Feisal (Libro 2.°: «Primer avance de Feisal hacia el Norte»), y éste, tras varias alternativas, logró avanzar a lo largo de la costa. Fue entonces cuando Lawrence elaboró su teoría de la guerra irregular, que precisamente en este libro expone ex­tensamente y trató de poner en práctica en diversas ocasiones durante esta lucha. En­tre abril y junio de 1917 (Libro 3.°: «Ope­raciones contra la vía férrea de Medina») Lawrence, hostil a las teorías oficiales so­bre la dirección de la guerra en Arabia, mientras se decidía al ataque del ferroca­rril de Medina, decidió efectuar correrías con unos pocos jefes árabes y, precisa­mente, entre junio y julio se dirigió a Akaba (Libro IV), en la vecindad de la retaguardia enemiga, cortando el ferrocarril por el Norte y apoderándose de Akaba, lo­grando un éxito incruento y de vasto al­cance.

Seguidamente, mientras su triunfo era desconocido para los ingleses, atrave­só el Sinaí para conservar la posición del lugar y buscar refuerzos y avituallarse, coincidiendo su llegada a Egipto con el viaje del nuevo comandante en jefe, Allen- by, más favorable a las ideas tácticas de Lawrence. En los libros siguientes sigue’ contando cómo una vez convertidas las fuerzas de Feisal en ala móvil del ejército de Allenby, continuó él haciendo incursio­nes sobre la vía férrea, paralizando la amenaza turca contra Akaba. Entre octu­bre-diciembre de 1917, confiando levantar a los árabes que se hallaban en la reta­guardia turca, penetró él mismo en las líneas enemigas, realizó una vana tentativa de volar el puente en el valle del Yarmuk, y consiguió escapar de los turcos. El li­bro VII narra los acontecimientos de la campaña invernal 1917-1918 y los grandes éxitos logrados por los árabes en la región oriental del mar Muerto; pero a conse­cuencia de su disensión con un jefe árabe, Lawrence lo abandonó y obtuvo de Allenby una nueva misión. En realidad, al quedar disminuidas las fuerzas del general inglés a consecuencia de los fracasos en Francia, y encontrándose los árabes asimismo en una situación peligrosa por los escasos resulta­dos obtenidos por Allenby en Transjordania, el propio Allenby encomendó a Lawren­ce dos mil camellos, con el fin de atraer la atención de los turcos hacia la Transjordania, mientras él atacaría la costa.

Lawrence, con sus camellos, se cubrió de gloria y la victoria de Allenby abrió el camino de Damasco, que fue ocupada por los ingleses. Habiendo terminado la guerra, pidió Lawrence entonces que se le dejara libre. Y el libro termina con tal decisión. Lo que la obra no cuenta es cómo comen­zaron entonces las desilusiones para Law­rence. Él había prometido a los árabes su independencia y había propugnado la idea de un estado sirio independiente, con Fei­sal reinando en Damasco, así como de un estado complementario semejante en la Mesopotamia. Ahora, terminada la obra mili­tar, podía darse cuenta de que la política de Versalles no representaba sino la des­trucción de cuanto él había soñado y crea­do; tal fue su humillación, sobre todo des­pués de ser^ expulsado Feisal de Francia, que devolvió al rey británico las conde­coraciones logradas, cambió de nombre y se alistó como simple soldado hasta su muer­te, ocurrida en 1935. Inmediatamente des­pués de la guerra, en el período de sinsa­bores y espera, comenzó Lawrence a escri­bir el relato de sus aventuras en Arabia. Su composición requirió bastante tiempo; un primer manuscrito desapareció parcial­mente durante un viaje a Oxford, pero él preparó, a sus expensas, ocho copias (de las que se conservan cinco) únicamente para sus amigos. Como luego aumentara el nú­mero de los que deseaban leer el libro, accedió a que se editase, también por su cuenta; luego, subvencionado por sus ami­gos (1.a ed. 1926). Entretanto, preparó tam­bién la edición abreviada con el título Rebelión en el desierto (v.). Lawrence no quiso nunca percibir ningún beneficio por la publicación de sus libros; al editarse la traducción francesa solicitó, sin embargo, que se le prometiera que «los beneficios serían destinados a las víctimas de la cruel­dad francesa en Siria».

La obra, escrita en un estilo característico, duro, sobrio y se­vero, como lo era el autor mismo, encierra un grandísimo valor, más todavía que por ser una contribución a la historia de la guerra y del pueblo árabe, por ser la his­toria de la propia alma de Lawrence. Y de ello nace, por un lado, la figura de un hombre excepcional y por otro la tragedia de un pueblo sacrificado. M. L. Giartosio