[Warszawianka]. Drama en un acto del escritor polaco Stanislaw Wyspiański (1869-1907), estrenado en 1898. La insurrección polaca de 1831 cede frente a las poderosas fuerzas rusas: estamos en el 25 de febrero, en plena batalla de Grochów, en la trágica jornada de Olszyna.
En una villa cerca de Varsovia, el general Chlopicki ha establecido su cuartel general. Están con él numerosos patriotas y militares ansiosos de noticias sobre la batalla que está en su punto crucial. En torno a las jóvenes amas de la casa, María y Ana, un grupo de amigos canta la poesía de Delavigne dedicada a los insurrectos de 1831, «La varsoviana». Al oír la triste melodía, mientras llega de lejos el tronar del cañón, se desarrolla la tragedia de ambos protagonistas, Chlopicki y María. Chlopicki ha dejado que el inepto príncipe Radziwill asumiese el mando y no cree en la victoria. María está inquieta por su novio, ayudante del general, al que ella ha impulsado a realizar una peligrosa misión.
El estribillo del himno («Surge Polonia y rompe las cadenas/hoy conseguirás el triunfo o la muerte») acentúa la atmósfera de desesperación, y la angustia es general. Cuando llega de Olszyna el único superviviente de la división Zymirsky con un galón que el novio de María le ha rogado que le entregue, Chlopicki no se atreve a dárselo. Pero la muchacha tiene un presentimiento en la atmósfera irreal de aquella mañana: de improviso, la suerte de su amado y la de la patria se convierten en la misma cosa para ella, que anuncia el triste fin de la insurrección. Bajo las ventanas pasan los soldados que van al combate cantando «La varsoviana». En el drama interior de Chlopicki el poeta recoge su juicio sobre aquel momento histórico: los jefes de la insurrección lo habían elegido para jefe y dictador, y él, aun no creyendo en la victoria, había aceptado; en esta falta de fe residía el germen de la derrota.
Pero la idea fundamental de la obra es, sobre todo, la condena de la incapacidad para la acción de las generaciones románticas. La varsoviana es una síntesis feliz de un momento histórico, rico en emociones, creado por Wyspiański en una atmósfera maeterlinckiana, alimentada por el carácter de sueño emanado de la melodía; precisamente en aquel período se proponía Wyspiański la creación de un drama musical polaco.
M. B. Begey

