La Simiente, José Vargas Vila

Novela del colombiano José Vargas Vila (1860-1933), publicada en 1905, continuación de las aventuras narra­das en Rosas Vespertinas, que es de 1900. Leonardo Bauci, en quien se reconoce al propio autor, es el protagonista de una aventura basada en la doctrina del super­hombre de Nietzsche, vinculada a la esté­tica de la voluptuosidad de D´Annunzio, y al malhumorado comunismo anárquico de Kropotkin; escritor y político, desterrado de su país (en el texto no precisado sino como sudamericano), Bauci a los cuarenta años pierde a su hijo, que había tenido de un amor libre; en París se hace discípulo del príncipe Kropotkin, y en el círculo de éste conoce a la esteta Laura Laurie, que se convierte en su amante, hasta que el hijo de ella, gallardo oficial francés, la arranca del americano. Otro amor por Bau­ci; esta vez tropieza con la amante de su hijo, cuya muerte ignora ella.

El alma de Leonardo, cuando se entera quién era el amante de Elbina Valderend, muchacha que ha descendido hasta el borde de la pros­titución por la ausencia de aquel hijo a quien él llora muerto, se sobresalta ante la tragedia de aquel amor que sabe a incesto, pero después se hunde con pánica volup­tuosidad entre los pálidos brazos de El­bina. Cuando ésta se halla a punto de darle un hijo, él la obliga a abortar, y cuando también ella, muerta de tisis, lo deja, no satisfecho todavía, encontrará en Venecia el amor expiatorio, en una silesiana, Sofnia, devoradora de estéticas y extenuantes caricias. Cuando también esta mujer está a punto de darle un hijo, Leo­nardo, odiador de la vida, que es dolor, una noche, en alta mar frente a Venecia, en un abrazo de amor y de muerte, arras­tra a Sofnia consigo al fondo del mar para matar la nueva vida. «El mar se había tragado la simiente». «Pathos» mantenido constantemente a alta tensión, páginas que saben a Zola, Wilde y D´Annunzio, cons­tituyen también en esta novela del fecun­dísimo colombiano (en veinte años más de treinta novelas además de otros escritos de diversa naturaleza) el elemento predo­minante.

Dejando aparte el interés por el contenido narrativo que aquí y allá tiene geniales observaciones sobre París, y ani­mados paisajes italianos, el valor de la prosa de Vargas Vila consiste en el despliegue de innegables dotes psicológicas. El abuso de las comparaciones, de las imágenes, de las metáforas a .veces barrocas y excesivas, mezcladas con geniales originalidades, deja una impresión de desorden. La morbosa e irruptora naturaleza tropical del autor no podía revelarse sino en un decadente y sen­sual simbolismo, aquí como en casi todas sus obras.

U. Gallo