La Señora Jenny Triebel o Cómo se encuentran dos corazones, Theodor Fontane

[Frau Jenny Treibel oder Wo sich Herz zum Herzen find’t]. Es la novela más popular de Theodor Fontane (1819-1898), publicada en 1892. Nos lleva a la atmósfera de la burguesía berlinesa de nuevos ricos, característica del decenio entre 1880 y 1890, cuya comicidad se pone de relieve especialmente por el con­traste con el ambiente culto y sencillo de la casa del profesor Schmidt.

La protago­nista, señora Jenny Treibel, mujer de un comendador, proviene de la modesta fami­lia de un tendero, origen que ella pre­fiere olvidar. Sentimental en apariencia, es en realidad ambiciosa y ávida de dinero, interiormente vacía, pero enérgica y te­mida ama de casa y madre de familia. En su juventud sintió una romántica simpatía por un joven estudiante, ahora profesor del liceo, Willibald Schmidt, pero prefirió casarse con el riquísimo y prosaico Treibel. La hermosa Corina, hija del profesor, que en el fondo ama a su primo Marcelo, tam­bién profesor de enseñanza media, se deja arrastrar por su gusto de la comodidad y se compromete durante una excursión con Leopoldo, hijo menor de Treibel. Pero la señora Jenny, que se preocupa de la dote, se opone, y Leopoldo está demasiado some­tido a su madre para actuar con libertad. Corina reconoce muy pronto su error, y vuelve con gusto a su primo Marcelo, mien­tras la señora Jenny concede Leopoldo a la hermana de su nuera, aunque sin de­masiado entusiasmo, porque ello constituye un peligro para su dictadura doméstica, pues su nuera, hamburguesa vanidosa, es la úni­ca que se enfrenta con ella.

Pero conjurado el otro grave peligro de una nuera sin dote, la Treibel reanuda su amistad con la familia del profesor, y en las bodas de Corina vol­vemos a encontrarla en el lugar de honor, citando con lágrimas en los ojos los versos juveniles de su Willibald, con gran diver­sión de la familia Schmidt. La crítica habló a propósito de Fontane de «realismo acús­tico», y ello se adapta especialmente a esta obra, donde el diálogo no es sólo un medio característico de representación, sino que refleja el infinito placer de la conversación, propio del arte de este poeta, además de su humorismo fino y garboso.

C. Baseggio – E. Rosenfeld