La Segunda Señora Tanqueray, Arthur Wing Pinero

[The second Mrs. Tanqueray]. Es uno de los primeros dramas del dramaturgo inglés Arthur Wing Pinero (1855-1934), publicado en 1893. El autor sigue bajo la influencia de Ibsen, del que adopta el principio de lle­var la tragedia a sus últimas consecuencias, sin pensar en el posible desagrado del pú­blico.

Un viudo, Aubrey Tanqueray, des­engañado de la vida pero deseoso de afec­to, con una hija única que quiere dedicarse a la vida religiosa, se casa, por reacción, con una mundana, Paula. Ésta se lo dice todo francamente, y la víspera de su ma­trimonio entrega a su futuro marido un manuscrito en el que está la confesión de todo su pasado; él, generosamente, lo que­ma. Pero el pasado no puede ser borrado: Aubrey Tanqueray se ve alejado de todos, la mentalidad de su nueva esposa a me­nudo entra en conflicto con las austeras tradiciones en las que ha sido criado, y luego, cuando la hija vuelve del convento, las discrepancias entre ella y la madrastra estallan de una manera tan grave, que una señora, vieja amiga de la difunta esposa, se lleva consigo a la joven a París para un viaje de instrucción. Allí encuentra a un capitán, Ardale, que se enamora de ella y pide ser presentado a su padre; re­cibido en la familia, el joven tiene de este modo la sorpresa de reconocer en Paula a una antigua amante suya. Primeramente Paula procura poner obstáculos al matri­monio, sin alegar sus verdaderas razones.

Pero pronto la joven comprende y estalla en tan violento desprecio contra la madras­tra, que la desgraciada se suicida en un momento de desesperación. El drama se desarrolla, pues, dentro de aquella psico­logía social que se sobrepone a la del in­dividuo creando problemas complejos y que, bajo la influencia de Ibsen, fue considerada como la expresión fundamental de lo «trá­gico» en casi toda la literatura teatral de fines del siglo XIX. Cada personaje vive en función de una situación social, que se revela tanto más intransigente desde que intentan escapar de ella los dos protago­nistas. El artificio escénico, gracias al cual el prometido de la joven reconoce en Paula a su amante, nos muestra que, aunque imi­tando a Ibsen, Pinero no se había liberado de la técnica francesa, contra la cual declaróse abiertamente el célebre dramaturgo noruego.

G. Fornelli