La Reina Margot, Alexandre Dumas (padre)

 [La reine Margot]. Novela histórica de Alexandre Dumas padre (1803-1870), publicada en 1845. La intri­ga, bastante compleja, pero cuidadosamente encuadrada en el período que va de la no­che de San Bartolomé (24 agosto 1572) a la muerte de Carlos IX (30 mayo 1574), sigue tres temas principales: la amistad conmo­vedora de dos gentilhombres, la ambición desenfrenada de Catalina de Médicis y el amor turbulento de Margarita de Valois.

Aníbal de Coconnas prefiere morir en el cadalso con Jacinto Oliviero de la Mole antes que huir y abandonar a su amigo que, debido a las heridas producidas por la tor­tura, no puede escaparse de la capilla de los condenados a muerte. Catalina de Mé­dicis, aunque consciente, en virtud de los horóscopos, de que en lugar de los Valois subirá algún día al trono de Francia un Borbón, el rey de Navarra y futuro Enri­que IV, con frenético furor de madre y satánica ambición de reina lucha desespe­radamente contra el destino ineludible.

Mar­garita de Valois, la «reina Margot», hija de Catalina y esposa de Enrique de Navarra, aunque políticamente aliada con su marido, está locamente enamorada de Jacinto de la Mole. Cuando éste prefiere la condena a muerte antes que comprometer a Marga­rita, la desgraciada reina, en el horror de la noche, se dirige a pedir al verdugo la cabeza de su amante caída bajo el hacha. A estas acciones principales se enlazan, con constante viveza y brío, otras secundarias que en conjunto ilustran el ambiente y las costumbres del París de Carlos IX durante la lucha contra los hugonotes. Superficial en la psicología y deficiente en el estilo, carente de inspiración poética y construida con sabio, pero extrínseco virtuosismo, la novela consigue sin embargo hacerse leer por la habilidad con que el autor, dosifican­do garbosamente la’evocación histórica y la invención novelesca, hace desfilar, como en una linterna mágica, escenas dramáticas y episodios extraordinarios, figuras excep­cionales y personajes curiosos, evocando ya los estragos más trágicos y la macabra vi­sita de los reyes al cadáver de Coligny col­gado del patíbulo, ya los esplendores de los bailes en el Louvre o las animadas cacerías por el bosque de Vincennes.

A través de es­tas «estampas» trágicas o galantes, lúgubres o pintorescas, Dumas se esfuerza en repro­ducir la atmósfera del Renacimiento refi­nado y lujoso, culto y cruel, cínico y su­persticioso, también idolatrado por Stendhal. Pero si el inmortal autor del Rojo y Negro (v.) hace que Matilde de la Mole (v.) se proponga como modelo ideal de pasión amo­rosa a su antepasado Jacinto Oliviero y también recoja para conservarla, al igual que Margot, la cabeza de Julián Sorel (v.), la distancia en el mundo del arte entre un gran artista como Stendhal y un hábil literato como Dumas es, sin necesidad de decirlo, inconmensurable.

E. Cione