[The Beggar’s Opera]. Melodrama satírico, en prosa y verso, del poeta inglés John Gay (1685- 1732), representado en 1728.
En una breve introducción a telón corrido es presentado el Mendigo, presunto autor de la comedia que tiene como actores a ladrones, encubridores, mujeres de mal vivir, abogados y carceleros, en confabulación para sacar dinero de todos lados.
El protagonista es el ladrón Macheath, a quien el encubridor Peachum hace detener en cuanto se entera de que se ha casado con su hija Polly, para librarse de un yerno que sabe demasiado sobre su vida. Macheath es un tipo de ladrón apuesto y mujeriego; hasta Lucy, hija de Lockit, jefe de la cárcel de Newgate, ha sido su amante, y, segura de que él se casará con ella, favorece su fuga.
Detenido por la traición de otras mujeres pagadas por Peachum, Macheath está a punto de ser ajusticiado, entre el llanto de numerosas madres de hijos suyos, cuando vuelve a aparecer el Mendigo y, por consejo del director de escena, lo hace declarar en libertad, y todo termina con un baile, pues, como observa el Mendigo, «en esta especie de drama nada es nunca demasiado absurdo», y «si la comedia hubiese quedado como al principio había sido imaginada, hubiera contenido una magnífica moraleja.
Hubiera demostrado que los pobres son tan viciosos como los ricos, pero que sólo ellos pagan la pena». Parodia de la ópera italiana, entonces de moda en Londres y, sobre todo, sátira aguda y despiadada de las corrompidas costumbres de las altas esferas de la época, el melodrama tuvo un éxito estruendoso.
Bajo los nombres transparentes de los extravagantes personajes, el público reconoció al primer ministro Sir Robert Walpole (Peachum), Lord Townshend (Lockit) y otros astros que giraban en la órbita del pícaro y poco escrupuloso ministro; pero aún en nuestros días el melodrama (que tuvo frecuentes refundiciones, entre las cuales una en 1940, con readaptación musical de Frederic Austin) es un éxito seguro, gracias a la donosura del diálogo, a la lozanía pastoril — en abierto contraste con el tono del texto — de las melodías de las partes cantadas sobre antiguos aires populares, a la brillante inversión de valores tan bien sostenida durante los tres actos y a la vitalidad, en fin, de los paradójicos personajes, que, con el paso de los siglos, han perdido muy poco de su actualidad.
Gay poseía el don de una vena fácil y quiso el azar que con su ópera del Mendigo escribiese la única obra teatral duradera de su época, llevando a la escena el fuerte espíritu satírico característico de la edad de Pope y de Swift, ambos amigos de Gay y quizás, especialmente el último, parciales colaboradores suyos en esta obra, que ha sido readaptada a nuestros tiempos en Francia como Opera de quatre sous y en Italia como Opera dello straccione, en trad. de R. Aragno.
L. Krasnik

