La Muerte de Iván llich, L.N. Tolstoi

Iván Ilich Golovín, consejero del Tribunal de Ape­lación de la capital, tiene una vida satisfactoria, una carrera plenamente realizada a sus espaldas, una vida so­cial brillante, una mujer atractiva y dos hijos juiciosos, un varón y una hembra: habiendo conseguido poco an­tes el ascenso deseado, ha abandonado la provincia y se ha trasladado a San Petersburgo, donde se dedica a equi­par con gusto su nuevo piso; es entonces cuando, mien­tras arregla una cortina, se cae de un taburete y se da un golpe en un costado.

El dolor provocado por la caída, primero antes casi inadvertido, no le abandona: las visi­tas a las figuras más ilustres de la medicina y los medi­camentos de toda clase no le traen ninguna mejoría, re­sultan tan sólo paliativos inútiles. Comienza a aflorar en él la conciencia de una probable y próxima muerte: pen­sar en ello lo aterra y lo exaspera, a su alrededor todo le produce fastidio e irritación, nota la falsedad de los que gozan de salud hacia él, un enfermo, y comprende que es una carga para sus familiares.

La única persona a la que soporta a su lado es Guerásim, un joven criado que lo asiste y ayuda con verdadera sencillez y con un afecto auténtico en el avance de un mal más devastador cada vez y que acaba por reducirlo a una completa in­movilidad. En las largas horas de meditación con el fan­tasma de la muerte a su lado, Iván Ilich se da cuenta de que su vida no ha sido como habría debido ser: todo es falso, tanto en su carrera como en su vida familiar.

Ca­rece de un principio, de una razón profunda. En medio de su tremenda agonía brota de él un pensamiento con­solador: liberar a los otros, antes que a sí mismo del su­frimiento. De repente se hace una gran luz en su alma y muere sereno.