[Rappacini’s Daughter]. Obra del escritor norteamericano Nathaniel Hawthorne (1804-1864), publicada en 1846.
Un estudiante de la universidad de Padua, Giovanni Guasconti, admira desde la ventana de su habitación un magnífico jardín, cerrado por un alto muro, lleno de extrañas flores de violento perfume. De repente entra en el paseo un viejo de aspecto enfermizo que se acerca a las flores con una máscara y unos guantes, confiándose a los cuidados de una maravillosa muchacha, de rostro y manos descubiertos, la flor más hermosa. Un viejo profesor, amigo de Giovanni, al interrogarle éste al día siguiente, afirma tratarse de un sabio inteligente y peligroso que se sirve del veneno de las flores para sus experiencias, y que está tan metido en ellas que no retrocedería ni siquiera ante un crimen; al mismo tiempo le pone en guardia ante el poder de fascinación de su hija, Beatrice. El estudiante, en parte por curiosidad y en parte atraído por los encantos de la muchacha, se asoma más de una vez a la ventana, y se da cuenta de que las lagartijas y mariposas mueren por el aliento y el contacto de ella. El misterio le atrae y como su casa comunica con el extraño jardín, penetra en él y traba una afectuosa amistad con Beatrice que, sin embargo, le mantiene siempre alejado de ella y de las flores.
Un día el estudiante se entera, horrorizado, de que ha adquirido, al igual que la muchacha, el poder de envenenar con su contacto, y la riñe ásperamente; pero ella defiende su inocencia. Su padre la crió entre los venenos llegando a convertirla en causa de muerte, pero ha mantenido siempre al joven alejado para no perjudicarle, y se alegra mucho cuando el joven le ofrece la posibilidad de beber un antídoto, que hará desaparecer toda virtud maléfica, antídoto que su amigo el profesor le había entregado para defenderle contra las artes funestas del sabio. Sin embargo, Beatrice no resiste la violencia de la bebida y muere. Al igual que en las otras novelas de Hawthorne, la culpa lleva consigo la expiación, derramándose incluso sobre los inocentes. El poder sobrenatural que aísla a la bella muchacha, crea en ella un poderoso contraste entre la bondad sencilla e ingenua de su alma, que ha vivido en el apartamiento de un ambiente extraño, y el poder terrible y mortal de su aliento y de su contacto. Beatrice es al mismo tiempo dulce y trágica, humana por su bondad, irreal en su cualidad de instrumento de expiación de la culpa. Toda la obra se concentra sobre esta figura, en cuya representación el autor ha sabido encontrar acentos de verdadera pasión, manteniéndola con exquisita proporción en el enigmático límite entre lo humano y lo sobrenatural.
G. Lupi

