[The great Divide]. Drama en tres actos del escritor norteamericano William Vaughn Moody (1869- 1910), representado primero en Chicago, y más tarde en Nueva York, en 1906.
Ruth Jordán ha abandonado con su hermano su antigua casa para salvar lo que queda del patrimonio, invirtiéndolo en un solitario rancho de Arizona. Una tarde, al caer la noche, tres borrachos del otro lado de la frontera irrumpen en su cabaña, encontrando a Ruth sola. Dos de ellos se juegan a los dados la posesión de la muchacha; ésta, aterrorizada, ruega al tercero de ellos, Ghent, el más fuerte de los tres, que la salve, prometiéndole que se entregará a él para siempre. Ghent paga con oro a los dos borrachos, se bate con ellos y los aleja. En vano Ruth le ruega entonces que la libere de su promesa; con ruda sinceridad, él le ofrece su devoción, y le pide que le ayude a hacerse una nueva vida. En el segundo acto, los dos están casados y se hallan en casa de Ghent, en la cordillera, no lejos de la nueva mina de oro que él ha descubierto en sus tierras. Ruth espera un hijo, pero su corazón no ha consentido a la unión; la ofensa por haber sido raptada y comprada con un puñado de oro por este hombre salvaje, tan lejos de su antiguo mundo burgués y puritano, sus modales rudos y primitivos, le impiden aceptar el afecto que Ghent le demuestra. Entre ellos se levanta la «gran barrera» que divide dos mundos sociales distintos: el viejo de ella, refinado y convencional, y el primitivo, aventurero y despreocupado de Ghent. Al final del segundo acto Ruth abandona a su marido y regresa a su casa. En el tercero, Ghent está a su lado de nuevo, llamado por la familia de ella.
Ha dado a luz un niño, pero no consigue superar sus prejuicios y desgarrar de una vez la espesa red de susceptibilidades y sentimientos ofendidos que la separan de su marido. En el pálido y rancio mundo de los Jordán, la figura de Ghent resalta como la de un hombre, no solamente más vivo y más fuerte, sino también de mayor solidez. Salva a los Jordán de la quiebra, y logra vencer los prejuicios y rencores de Ruth, haciéndole sentir que ahora ya ha nacido un verdadero afecto en el corazón de ambos, y que este afecto, si a él le ha empujado a levantarse de su abyección anterior, también ha llevado a la mujer a respirar un nuevo y más fresco aire vital. El drama, sentido y desarrollado poéticamente, tomó su primer motivo de un hecho real. Pero la tesis que ilustra es de un alcance mucho más vasto. La redención de Ghent y la conversión, por llamarla así, de Ruth, son tratadas con penetrante delicadeza. Representado por vez primera en Chicago con el título La mujer sabina, solamente más tarde, y con el nuevo título, tuvo un gran éxito. Señala un paso notable en el desarrollo del moderno teatro americano, si se la compara con La muchacha del Oeste (v.) de Belasco, de argumento análogo y de la misma época; puede considerarse como la primera tentativa seria de interpretar dramáticamente los problemas sociales y psicológicos del Nuevo Mundo.
C. Pellizzi

