La Gatomaquia, Lope Félix de Vega Carpió

Poema épicoburleseo en siete «silvas» (estrofas polimétricas), con un total de 2.500 versos, de Lope Félix de Vega Carpió (1562-1635), publicado en 1634 bajo el pseudónimo de Tomé de Burguillos. El poema tiene un lejano precedente en la Batrocomiomaquia (v.), pero Lope encontró sus inmediatos modelos formales en los poetas heroico cómicos italianos, ya naturalizados en España con el capítulo en alabanza de La Pulga de Gutierre de Cetina (1520-1557?), con la Muerte, entierro y hon­ras de Chrespina Marrauzmana, gata de Juan Chrespo (1604) de Meretisso, la Mos­quea, de Villaviciosa (v. Mosqueida), etc.

Zapaquilda, encantadora gata, amada del valiente Marramaquiz, es presa de las gra­cias del elegante Micifuf y desdeña por esto a Marramaquiz, el cual hace todo lo posible para reconquistar a la bella infiel; pero los suspiros, las serenatas y los desafíos resul­tan vanos; Zapaquilda, presa por entero del nuevo amor, no se da por enterada. Marra­maquiz, desesperado, recurre a los hechizos de Garfiñanto, gato brujo, y, por consejo de éste, finge cortejar a la gata Micilda para dar celos a Zapaquilda. Pero no da resultado y la ingrata se dispone a casarse con Micifuf. Entonces Marramaquiz, furio­so, cae en plena fiesta sobre la novia y la rapta, llevándosela a su guarida. Micifuf y sus amigos declaran la guerra al raptor y lo asedian. Los preparativos bélicos tur­ban el Olimpo y los dioses se ponen de una y otra parte. Al fin, Marramaquiz, que ha salido a buscar alimentos para la amada prisionera, es alcanzado por un escopetazo disparado por un cazador y, terminada la guerra, Zapaquilda y Micifuf al fin pueden desposarse.

La Gatomaquia tiene un sabor único en la poesía española y se coloca en­tre las obras maestras de Lope. Su gusto por el colorido épico y popular de las no­velas tradicionales y la elegancia tan ita­liana y escogida de su inspiración lírica, encuentran aquí una armonía desenvuelta y feliz que confiere al poema un tono inimi­table y hacen de él «una filigrana de gracia sentimental y delicada».

C. Capasso

Con insaciable fruición verbal, Lope deja que se desenvuelva el ingenuo tema, pero sin tratarlo con la seriedad de un infantil narrador de cuentos. Está muy lejos del arte del claroscuro satírico del que de for­ma tan impresionante se sirvió Quevedo, por ejemplo, en su Cabildo de los gatos. Por esto, no obstante el garbo y la agili­dad prodigadas a manos llenas, se adueña de nosotros cierta sensación de vacío, como después de una licencia que ha durado de­masiado. (K. Vossler)