La Fragata «Johanna Maria», Arthur van Schendel

[Het Fregatschip «Johanna Maria»]. Nove­la del escritor holandés Arthur van Schendel (1874-1946), publicada en 1930. Narran­do la ^historia de un velero errabundo, construido en 1865 en un astillero de Amsterdam, la novela, en la que se nota la in­fluencia de Stevenson, quiere ser una triste despedida a un tipo de buque superado, que lentamente tuvo que ceder su lugar al bu­que de vapor. Protagonista de la obra es el robusto marinero Jacob Brouwer, hombre taciturno y encerrado en sí mismo, para quien lo único que tiene cierta importancia en este mundo es su buque. El capitán del «Johanna Maria», Wilkens, vive angustiado junto a su esposa enfermiza, lo cual hace que sus viajes sean siempre breves. Duran­te catorce años la «Johanna Maria» viaja regularmente de Amsterdam a las Indias; y Brouwer ama a su buque como si fuera algo suyo y sabe conducirlo mejor que su capi­tán, que está celoso de él. Una noche el ca­pitán se arroja al agua; han muerto su mu­jer y sus hijos y la vida ya no significa nada para él.

Después de una colisión, unos noruegos compran el buque y le ponen por nombre «Ingrid». A Brouwer le permiten quedarse, aunque le hacen la vida difícil; el nuevo capitán es un hombre rudo y grosero que descuida el buque y su tripulación, y acaba provocando una grave disputa entre él y Brouwer. Éste acaba en el calabozo y, cuando por fin le ponen en libertad, su buque ya se fue. Va vagabundeando en busca del barco hasta que consigue encontrarlo en un puerto de Chile, aunque reducido a un estado lastimoso; le contra­tan nuevamente y, puesto que es buen car­pintero y experto en velas, lo arregla todo lo mejor que sabe y por fin, tras muchas aventuras, realiza su sueño: regresar a su patria como propietario del buque. Pero el buque ya es viejo, al igual que su due­ño, y su madera empieza a deteriorarse. Después de haber llegado a Amsterdam, Brouwer, al subir al palo mayor para arre­glar unas cuerdas, cae y fallece en el hospital. La «Johanna Maria» descansa ahora en un canal de Oostenburg, y su silueta sigue reflejándose en las tranquilas aguas en espera de su fin. Se combinan hábilmen­te en la novela el motivo afectivo, típico del mundo marinero, y las ininterrumpidas aventuras, transformando el relato en la elegía de un mundo que desaparece, inexo­rablemente superado, pero afectuosa y do­lorosamente replegado en sí mismo, en un vano esfuerzo de conservación.

H. Henny