La Enemiga, Dario Niccodemi

[La nemica). Comedia en tres actos representada en Milán en 1916.

De los dos hijos, Roberto y Gastón, de Ana de Bernois, duquesa de Niévres, el mayor, Rober­to, es el ídolo de todos, a pesar de lo cual ve- en su madre a «una enemiga». Una muchacha burguesa, Marta Regnault, que aspira a ser su mujer y es rechazada por él, se venga revelándole el angustioso por qué. Él es un hijo ilegítimo de su madre, reconocido por el difunto duque por amor a Ana; pero constituye un testimonio de su vergüenza y es, además, el usurpador de los derechos del hijo legítimo. La reve­lación no disminuye la ternura de Roberto para con su madre, sino que más bien la acrecienta; y él osa decírselo.

Pero la rea­lidad es muy distinta; Roberto no es su hijo, sino hijo del difunto duque; y Ana, por amor al esposo, consintió en considerarle como su primogénito, y como tal lo amó; pero cuando ella fue madre de Gas­tón, y vio que Roberto tenía todos los pri­vilegios en perjuicio de su hermano, co­menzó a dejar de amarle, y acabó por ‘ odiarle. Ella confiesa esto a Roberto en la escena final del segundo acto; pero como al obrar así, ha faltado al juramento hecho a su marido moribundo, siente remordi­miento y teme el castigo de Dios. Este tormento estremece su alma y la impulsa a buscar consuelo, consejo y piedad, confe­sando su perjurio a su propio hermano mayor, monseñor Guido de Bernois, deci­dida a dar nuevamente su amor al hijo.

Pero Dios ya la ha castigado: monseñor le anuncia que en el frente, donde combaten los dos hijos, uno ha caído ya: «¿Cuál?» grita Ana; y, horrorizada de su propio gri­to, ha de pedir perdón a Roberto, que llega trayendo el último saludo del hermano, y llamándola de nuevo madre. La comedia tiene escenas de agitación violenta, con una elocuencia de grandes efectos. Si el autor diese a Roberto (y hasta al público) tiempo para reflexionar, comprendería que la reve­lación de Marta Regnault es absurda; ya que un duque, celosísimo de su propia san­gre, no acepta como propio al hijo ajeno, aunque sea el hijo de la mujer a quien ama. Pero los dos primeros actos se des­envuelven apenas en el tiempo necesario para representarlos (antes y después de una comida) y son la revelación de un hecho pasado; en tanto que el acto tercero es el reflejo de un suceso lejano. Así que no puede decirse que haya en ella acción; sino que es el resultado de los afectos ex­presados con sagacísima ingeniosidad. La comedia ofrece a las actrices los elementos más apreciados para la interpretación de grandes efectos escénicos; cualidad que basta para explicar el éxito de la obra.

M. Ferrigni