La Eneida Disfrazada, Giambattista Lalli

[L’Eneide travestita]. Remedo de la Eneida virgiliana publicado en 1633. De manera estrambótica y burlesca se esfuerza el autor en dar cierta vivacidad plebeya a una obra tan famosa en la tradición literaria.

Su primera inten­ción es la de presentar de un modo más «divertido» un poema ya eminente, para que llegue a ser más agradable al lector; pero el tono risueño escarnece demasiado fácil y groseramente las situaciones de Eneas y de todos los personajes en general. De vez en cuando el artista nos brinda la ocasión de admirar la desenvoltura con que representa en fáciles versos y rimas agra­dables el antiguo asunto, pero a la postre, hay que considerar su obra como uno más de los documentos del XVII: por la actitud bromista e impudente con que parodia la narración de las aventuras de Eneas (v.), el valor de sus compañeros, el sentido de la historia fatal de Roma y en general cada motivo de heroísmo. Especialmente en las paráfrasis de episodios y en las variaciones a veces hasta jocosamente personales de la narración, hace alarde de su sal de escritor divertido: él quiere mostrar que las haza­ñas de la Eneida son iguales a las nues­tras de todos los días, en una vida que se desarrolla entre acontecimientos oscuros y hechos considerados más importantes de lo que son en realidad.

Todo es motivo de sonrisa, e incluso la acción más gloriosa presenta su lado débil y humano en el jue­go de los sentimientos. El poeta intenta sustraerse a las numerosas amplificaciones retóricas sugeridas por el pasado; el héroe es un hombre al igual que nosotros, y cual­quiera tiene el derecho de observar sus acciones con una sonrisa, si no precisa­mente de mofa, por lo menos sí de serena complacencia ante sus errores. El propio Eneas se nos muestra mezquino en sus si­tuaciones de enamorado, de héroe indeciso, de general demasiado humano para con sus soldados. Lalli da a su libro el aspecto de un trabajo inspirado en las costumbres y en el habla del XVII con salidas divertidas a cada paso, referencias a la vida de los contemporáneos, sátiras contra figuras co­nocidas y un vasto número de personajes.

C. Cordié

*   Muy superior es el Virgilio disfrazado [Le Virgile travesti] del escritor francés Paul Scarron (1610-1660), publicado entre 1648 y 653; por la delicadeza de su parodia se puede considerar como el libro más característico de toda la literatura burlesca del siglo XVII. Siguiendo las huellas de Lalli y de las alegres sátiras de otros poetas, Scarron hace chispear a lo largo de los siete libros toda la vivacidad de su arte. La obra es divertida, pero llena de cordura para con las situaciones de la vida, maliciosa y mordaz, y sin embargo con una justa valoración de la sociedad y de sus contradicciones. Las antiguas y célebres aventuras de Eneas y de sus compañeros son deformadas adrede en un continuo anacronismo que, aunque parece que se pierde tras la extravagancia más caprichosa, se aprovecha de cada situación del relato para expresar una moral personal y un juicio propio sobre los acontecimientos del París de aquellos tiempos. Otros autores intenta­ron acabar la obra, interrumpida por la muerte de Scarron; entre ellos hay que re­cordar a J. Moreau (1706) y P. Brussel (1767).

De todos modos, y aun habiendo quedado a mitad, por la ligereza de la ins­piración y la sequedad del motivo literario, este Virgilio disfrazado es un testimonio de la gran vivacidad de Scarron, y su ducti­lidad de descripción ante la varia huella de la poesía virgiliana. Sea como fuere, es una muestra estrictamente seiscentista de la literatura burlesca y divertida que po­niendo en solfa a la misma tradición mos­traba su libertad frente a la pedantería de los fríos imitadores de los clásicos.

C. Cordié

*     Otro notable disfraz de la Eneida se debe al poeta austríaco Aloys Blumauer (1755-1798). La obra Las aventuras del pío héroe Eneas [Abenteuer des frommen Hel- den Aeneas], publicada entre 1784-88, in­tenta nuevamente, con el mismo metro, la parodia que había hecho de aquel poema B. Michaelis en 1771. Es una sátira grosera y torpe que transporta los temas de la epopeya al mundo contemporáneo, sacando de ello unos garrafales efectos cómicos. Sin embargo la parodia fue acogida favo­rablemente por el público, principalmente por su carácter antirreligioso y anticatólico.

*  En el mundo eslavo es famosa la Enei­da disfrazada [Eneida na ukrajins’ku movu perelycovana] de Ivan Kotljarevskij (1769- 1838), poema satírico que inicia el período del renacimiento de la literatura ucraniana. Publicado en San Petersburgo en 1798, sin la autorización del autor, comprendía en esta primera edición, que fue imprimida nuevamente en 1808, sólo las tres prime­ras partes (o cantos) de la obra y un breve diccionario ruso-ucraniano. En 1809 fue publicada una nueva edición, dirigida por el mismo autor y completada con la cuarta parte. La obra completa, compuesta de seis partes, fue editada postuma en 1842. Escrita en octavas, la Eneida disfrazada presenta, bajo una luz humorística, la vida ucraniana de finales del setecientos y de principios del ochocientos, con una gran riqueza de detalles sobre las costumbres, que da al poema un valor también etno­gráfico.

Sus personajes, bajo nombres lati­nos y mitológicos, representan tipos de cosacos ucranianos* que, después de la destrucción de la Sic de los Zaporogos, lle­vada a cabo por las tropas rusas de Cata­lina II, fueron obligadas a vagar por el mundo, en busca de otra patria. Acogidos por el gobierno turco, que les concedió las tierras regadas por el Danubio, se trasla­daron más tarde a las orillas del Mar Ne­gro, y desde allí pasaron a las orillas del Kuban, formando el llamado ejército de los Cosacos del Kuban. Las dos primeras par­tes del poema describen el viaje de los emigrantes, cuyo itinerario sigue las hue­llas de la Eneida; pero aunque bajo el dis­fraz clásico y mitológico, es siempre la tie­rra ucraniana la que es descrita con sus usos y costumbres. Los dioses del Olimpo, por ejemplo, que participan en las aven­turas de los navegantes, son el mismo mun­do de los potentados ucranianos de aque­llos tiempos, con sus intrigas y sus enredos.

La tercera parte del poema está dedicada a la descripción del Infierno visto conforme las creencias populares ucranianas, con la añadidura eficaz de todos los males que le tocaron en suerte al país después de la pérdida de su independencia nacional; entre ellos, el más grande y el más doloroso, la servidumbre de la gleba, introducida en Ucrania por la emperatriz Catalina II. En la obra de Kotljarevskij, y sobre todo en la descripción del infierno ucraniano, aparece la primera protesta contra la opresión de los campesinos ucranianos, que más tarde será continuada con decisión por Taras Shevchenko. Entre los condenados figura también el se­ñor Pampura, el primer editor de la obra, al que el autor no quiso perdonar nunca su indiscreción. Por su carácter profunda­mente nacional, por su espíritu patriótico, por su humorismo, a veces algo vulgar, la Eneida disfrazada, aunque recordando las obras de Scarron, de Blumauer y del ruso Osipov, sigue aún hoy en día viva y muy popular en Ucrania. M. Sadovskij, corifeo del teatro ucraniano, sacó de ella un efi­caz libreto, que fue musicado por M. Lysenko (1909-1910) y representado con gran éxito en los teatros de Kyjjv.

E. Onatskyi

*   Siguiendo el ejemplo de Kotljarevskij, el ruso V. P. Rovinskij escribió otra Eneida disfrazada.