La educación sentimental, Gustave Flaubert

[L´éducation sentimentale]. Título de dos no­velas. La primera, escrita en 1845 pero publicada en 1914, es la más importante entre sus obras juveniles. Narra la historia de dos amigos, Enrique y Julio, que después de la adolescencia» animada de sueños similares, se alejan hacia diversos destinos. Enrique, llegado de provincias a París, ve desvanecerse sus sueños juveniles, tiene una aven­tura con una señora, que acaba trivialmente con una tranquila separación,, después de lo cual, aleccionado por la experiencia, abandona los ideales y el arte para dedicarse a los negocios, conoce el mundo y sabe dominarlo y disfrutarlo. Julio, que permanece en su país, después de la de­cepción amorosa con una actriz (episodio que recuerda demasiado otro del Wilhelm Meister goethiano v.), profundiza solitario en sí mismo, escruta el misterio del arte cuya verdadera esencia consigue captar. Es el artista altanero, apasionado, en quien Flaubert se ha retratado, después de haber dado rasgos de su vida a Enrique, quien acaba en cambio tal como el autor no hu­biese querido ser. Flaubert, obsesionado de perfección, condenó la obra, poco madura­da, poco ligada en sus dos partes, poco fun­dida en los dos tonos de elocuencia lírico- romántica y realismo irónico, pero siempre la recordó con afecto. Brilla en ella, de hecho, su pasión por el arte, trasluciéndose casi las obras que más tarde realizará.

V. Lugli

*     La Educación sentimental definitiva es un libro completamente distinto, incluso en el asunto, pese a que los recuerdos juveniles del autor estén en ambas; pero de su experiencia transfigurada en artista maduro extrajo la obra que en su juventud sólo había entrevisto escribiendo la primera Educación: Esto es el mejor ligamen entre ambas novelas. La segunda, publicada en 1869, es la historia de una juventud desolada, agotada en tristes experiencias de una vida fallida. Frédéric Moreau (v.), estudiante en París en torno a 1840, es inquieto, descontento, poseído de vagas ambiciones o más bien veleidades, artísticas, literarias, mundanas.

El amor tierno y profundo hacia Marie Arnoux, esposa de un equívoco editor de arte, parece ser la única luz de su alma que, empero, no sabe extraer de ella toda la fuerza necesaria. Conoce más tarde a Rosanette, una mediocre cortesana, duda entre ella y Arnoux, mientras desde su pueblo le recuerda y ama, la pequeña Roque, a quien él había dado alguna esperanza. También se interesa por otra mujer, la riquísima señora Dambreuse, que podría ayudarle en sus ambiciones mundanas. La Arnoux al fin le confiesa que le ama y acepta una cita, a la que falta; él, despe­chado, se consuela lo mejor que puede con Rosanette. Más tarde se enterará de que la otra no pudo ir debido a la enfermedad de su hijo; pero ahora está en manos de Rosanette, vulgar, celosa, provocativa. Tie­ne con ella un hijo que muere prematura­mente. También la paternidad se resuelve en una gris y desgraciada experiencia. Sin pasión, entre tanto, se ha aproximado a la Dambreuse y convertido en su amante; cuando se queda viuda, se dispone a casarse con ella, para dar alguna solución a la propia vida.

Disgustado de Rosanette, que persigue malignamente a los Arnoux, ahora arruinados, la abandona asimismo a la Dambreuse, que también insulta su dolor y su amor por la Arnoux. Esta vive lejos con su marido. Frédéric vuelve a su pueblo, pensando en la pequeña Roque que le ama­ba sinceramente, y llega el día en que ella se casa con un viejo amigo suyo que ha con­seguido suplantarle. Muchos años más tarde, al caer la noche, Marie, la única amada, comparece con los cabellos blancos, para recordarle que continuamente le ha amado, y decirle adiós para siempre. Es el libro del bovarismo masculino; sólo que el fra­caso de Frédéric Moreau, con su absoluto pesimismo, no tiene la fuerza de emoción que alcanzan las aventuras de Madame Bovary (v.), lo cual explica el éxito menor y más lento de la obra. Ésta se impuso más tarde, sin embargo, revelando sus virtudes sutiles, y ahora hay quien la prefiere a la obra maestra más ampliamente reconocida. Es el libro más flaubertiano, aquel en que el autor ha puesto más de sí mismo, empezando por su pasión, larga como la vida, por la mujer del editor de música A. Schlesinger, que re­vive en Marie Arnoux.

Luego sus recuerdos, sus amigos, el París de después de 1840; su mal, la superabundancia de vida interior y la poca disposición para la práctica. Está aquí realizado el sueño del escritor de reprodu­cir con precisión histórica el pasado aunque sea reciente, porque en tomo a las aventu­ras de Frédéric está toda la vida parisiense y francesa del quinto decenio del siglo XIX, aquella agitación política y social, minu­ciosamente buscada y recreada, hasta la revolución del 48 y el golpe de Estado; al mismo tiempo está realizado el sueño de armonizar el cotidiano fluir de la existencia con un estilo llano, casi apagado, rico de armonías ocultas. Libro goethiano en su amplitud dominada, capital en la literatura moderna, que ha visto más tarde tantas copias de aquel héroe melancólico. Si sólo los expertos pueden comprender toda la eficacia de la obra, a nadie se le puede es­capar la delicada figura de Mme. Arnoux, una creación de poeta, quien en el encuen­tro entre ambos, al final, encontró el tono de la lírica más pura. [Traducción castella­na de Hermenegildo Giner de los Ríos (Madrid, 1891) y de Pedro Vanees Cue­vas (Madrid, 1921) ].

V. Lugli

¿Este libro pertenece al realismo? Con­fesamos que nunca hemos comprendido dón­de empieza lo «real» enfrentado a lo «ver­dadero». Lo verdadero sólo es verdadero a condición de apoyarse en la realidad. Esta es la base, lo verdadero la estatua. (G. Sand)

La obra maestra de Flaubert, para mí, es la Educación Sentimental. (Du Bos)

Leerla es como mascar ceniza y serrín. (H. James)

Perdura, quizás a su pesar, como «la epo­peya de la mediocridad».(A. Gide)