La duda, José Echegaray

Drama estrenado en el Teatro Español el año 1898, siendo los principales actores María Guerrero (en el papel de Amparo) y el Sr. Díaz de Mendoza (en el de Ricar­do). Continúa el nuevo estilo conciso, ta­jante, con intelectuales versiones del mundo conversacional (que en cierto modo anunció a Benavente, con las obligadas diferencias) en prosa excelente, que inició con su obra maestra Mariana (1892). Ofrece la nota, no muy común en Echegaray, de lo delicado (por ej. en la escena V del acto I) y el tema de amor de los protagonistas con auténtica sinceridad y sencillez. La alusión (acto II), a La intrusa (v.) de Maeterlinck, revela las influencias simbolistas, que levemente se unen a lo típico del drama de este autor.

La duda sobre el amor de su Ricardo, vuel­ve loca a Amparo, y junto al tema de la «llama, ceniza, nada», poético y tradicional, asoma la obligada «carcajada horrible» que cierra el acto II. El acto III, une lo ama­ble y lo siniestro, con la muerte de la tía (Leocadia) y las vacilaciones entre la razón y el delirio de Amparo, en notable acier­to de belleza en prosa y adaptación a lo español del mundo nebuloso nórdico de Ibsen y Maeterlinck. Leocadia, la figura lúgubre «vestida de negro — que simboliza la duda— con su rostro lívido, sus ojos mortecinos, su andar lento», que va deslizándose sin ruido por la casa «sombra de algo mortal que cruzase las alfombras y rayase de negro telas de colores y destellos» es una creación sombría que carac­teriza un estilo. La duda, con El loco Dios (v.) son para nosotros lo mejor del Echegaray de esta tendencia.

A. Valbuena Prat